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Mojones y flechas

Como presidente mayor de los "Mojon-grinos", éste es uno de mis vídeos favoritos.
La canción va en honor a Marcelo, ¡nuestro incondicional compañero de Camino!


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Paisajes del Camino

Unos minutos para relajarse y "esponjar el alma".
Con la melodía que me ha acompañado en los momentos de mayor "inspiración".


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Personas y paisajes del Camino

Con una música que nos a acompañado durante los momentos en los que nos sentíamos exhaustos... ¡¡Exhausto-grinos!!

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Personas en el Camino


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Las risas del Camino

 ¡GRACIAS a todos los que habéis logrado que hiciera una excelente RISOTERAPIA a pesar de la dureza física del Camino!


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Las emociones del Camino

De Astorga a Santiago de Compostela

Una visita por los lugares más emblemáticos del Camino pero, sobre todo, por las emociones vividas.

¡Gracias a mi hermano mayor, Quique, que me propuso hacer el Camino, lo impulsó, me acompañó y lo hizo todo mucho más fácil!


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Tocar el Cielo

¿Cuántas veces nos hemos preguntado cómo será eso de la otra vida, aquello que llamamos “El Cielo”?


El Cielo será estar en Presencia de Dios. Sólo Dios puede colmar nuestras ansias de plenitud, nuestros anhelos de felicidad. Sólo Dios es ese algo infinito que lo llena todo.

La felicidad es plenitud, por eso, ser felices es tocar el cielo.

¡A lo largo de nuestra vida tocamos el cielo tantas veces!

Y sin embargo aumentan los cuadros de ansiedad y de depresión entre las personas. La crisis económica ha sacado a flote el vacío interior y la falta de recursos internos para afrontar las situaciones de tensión que hemos ido cultivando en una sociedad que ha puesto la escala de valores patas arriba.

Parémonos unos minutos a rememorar aquellas veces en las que “tocamos el cielo”. ¡Gocemos de ellas!

Dios se afana cada día en que seamos felices, pero somos nosotros los que vivimos bloqueamos tercamente por nuestras frustraciones y desencuentros. Vivimos rechazando el presente, y desesperados e impacientes nos revolvemos contra la “mala fortuna” de lo que nos sucede, en vez de deleitarnos con esos instantes en los que podemos tocar el cielo.

El sentimiento de insuficiencia e insatisfacción acampa en nosotros y nuestra alma lucha por salir de ahí, retorciéndose por las ansias de plenitud. Entonces llega el sufrimiento que es provocado por el hecho de no aceptar el presente, de no aceptar “lo que es”.

El dolor es una constante en la vida, en todas las vidas. Pero el origen de nuestro sufrimiento está en la no aceptación de ese dolor.

Al igual que no aceptamos el dolor y nos revelamos contra él en vez de buscar su sentido y fluir abandonándonos confiadamente en Dios, tampoco sabemos absorber y sacar el jugo a los instantes en los que tocamos el cielo para que sean fuerza y sostén en medio del abatimiento o de la desesperación.

Tocar el cielo es disfrutar de las pequeñas cosas que cada día se nos regalan, tocar el cielo es gozar de una sonrisa, una palabra amable, una mirada chispeante, una emoción compartida. Tocar el cielo es sentir la suavidad de todas aquellas cosas que son caricias para el alma.

Pero para saborear las pequeñas cosas y esponjarse con esos momentos en los que tocamos el cielo necesitamos desarrollar una gran capacidad de Amar. Amar el presente, que se llama así porque es un regalo.

En el libro del psicólogo Joan Garriga titulado “Vivir en el alma” nos explica que hay que amar la realidad y la vida tal como son, incluyendo, por supuesto, lo amable y lo difícil. La gran felicidad es la que existe porque sí, sin motivo y no depende del vaivén de la vida. La gran felicidad es la que experimentamos cuando logramos aceptar la realidad y lo que ella nos trae.

Esto no es fácil, requiere un proceso de intensos retos personales con avances y retrocesos. Pero no amar la realidad y oponernos a ella nos debilita absurdamente. Abrirse plenamente al dolor es lo que precede a la expansión súbita de la sonrisa natural que preside la vida. Aunque pueda parecer un contrasentido, vemos que en el dolor se asienta la alegría de vivir, que las personas genuinamente alegres no han estado exentas de tragedias pero que pudieron superarlas con sentido.

Como decía Nietzsche “Lo que no nos destruye nos hace más fuertes”.

Para llegar a amar lo que es, es decir, amar el presente, debemos aprovechar cada oportunidad para madurar y crecer que nos va trayendo la vida.

Tomar una actitud de agradecimiento por aquellas veces en las que se nos ha concedido el privilegio de poder tocar el cielo.

Y también, saber esperar con paciencia y confianza la llegada de un nuevo momento en el que volvamos a tocar el cielo.

Levantémonos cada mañana sonriendo ilusionados ante la expectativa de que en el día que se estrena quizá podamos, otra vez, ¡Tocar el cielo!







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"Calidad de Vida"


Se nos habla con frecuencia de la “calidad de vida”. El caso es que aún no tengo nada claro cuáles son los parámetros que determinan si una vida es de calidad. A la hora de dar un sentido a este término el relativismo a campado a sus anchas y cada persona decide lo que significa tener “calidad de vida”… o no, en realidad, creo que ni siquiera nos paramos a reflexionar sobre el alcance que damos a este concepto. Instalados en la comodidad de que me lo den todo hecho y de no tener que pensar por mí mismo, dejamos que nos inunden día a día con un lenguaje en el que preferimos no profundizar.


La Organización Mundial de la salud ha definido “calidad de vida” como "la percepción que un individuo tiene de su lugar en la existencia, en el contexto de la cultura y del sistema de valores en los que vive y en relación con sus expectativas, sus normas, sus inquietudes. Se trata de un concepto muy amplio que está influido de modo complejo por la salud física del sujeto, su estado psicológico, su nivel de independencia, sus relaciones sociales, así como su relación con los elementos esenciales de su entorno". Definición demasiado extensa que habría que analizar con calma porque implica cosas terribles ya que tanto la eutanasia como el suicidio asistido están siendo justificados por la supuesta pérdida de esta calidad de vida.


Hoy deseo compartir dos testimonios de personas que sufrido una grave enfermedad durante varios años antes de su muerte.


El primero es un extracto de una carta que escribió en 1995 Olga Bejano, una chica a la que a los 23 años comenzó a afectarle una rara enfermedad degenerativa que le fue paralizando todos los músculos hasta que falleció a finales de 2008, tenía ya 45 años.


“Soy una chica a la que la enfermedad le ha truncado la vida y quizá por eso la palabra vida me merece un gran respeto.


Hasta los veintitrés años pude realizar una vida normal: Pero en mayo de 1987 mi glotis se paralizó y tuve una parada cardiaca por asfixia; estuve por unos minutos clínicamente muerta, quedándome luego en coma. En ese momento, más de uno no apostaba por mí; pero yo, por llevar la contraria, salí del coma y seguí viva. Desde entonces vivo sin poder hablar ni comer.

Mi vida es, desde hace ocho largos años, malestar físico, obstáculos, limitaciones, problemas hospitalarios, familiares, burocráticos... En una palabra: sufrimiento. Pero este sufrimiento si uno llega, como yo, a entenderlo, es una lección constante que ayuda a madurar y a superarse.


Soy católica, siempre he creído en Dios, en la existencia del alma y en que cuando uno muere no termina ahí su vida, sino que sigue en otro lugar.


Todos tenemos un día marcado para nacer y otro para morir, y yo no soy quién para alterar el destino y mucho menos los planes de Dios.


Vivimos en una sociedad en la que priman el placer y lo material. Todos queremos gozar y ninguno sufrir; pero el sufrimiento y la muerte vienen incluidos en la vida, forman parte de ella. Soy partidaria de luchar, no de «huir». La eutanasia es una forma de huida y, por tanto, no deja de ser una cobardía. A mí no me parieron cobarde; por eso lucharé hasta el final. Respeto y entiendo a los que se dan por vencidos y no creen en nada; pero yo, cuando llegue al «otro lado», quiero tener la sensación de llevar mis deberes cumplidos. Si me practicasen la eutanasia, creo que, al llegar allí, tendría la sensación de no haber sabido llegar hasta el final, como si dejase en este mundo alguna asignatura pendiente. Para mí todo lo que te quita la paz interior no es bueno, y los médicos que han realizado eutanasias creen que hacen bien, pero confiesan sentirse mal. Todo anciano, minusválido o enfermo terminal tiene derecho a una atención digna, centros adecuados, ayudas familiares y económicas y grandes dosis de «cariñoterapia»; pero todo esto equivale a trabajo y a dinero, y es más fácil, cómodo y barato legalizar la eutanasia e, igual que hicieron los nazis, disfrazándola de ayuda y compasión, quitar a todos de en medio.


La mentalidad de que sólo lo biológicamente bueno vale la pena impide conocer grandes realidades humanas: Beethoven compuso sus maravillosos cuartetos hasta el último momento; Mozart siguió componiendo en el lecho de muerte su magnífico Requiem; Tiziano pintaba con casi noventa años, cuando apenas podía sujetar los pinceles. Los defensores de la eutanasia olvidan que cada vida es única e irrepetible y que cualquier vida tiene todo el valor posible. Si hubiese una vida sin importancia, ninguna sería importante”.


El segundo testimonio es de una enferma que murió habiendo estado más de cincuenta y cinco años paralizada en una silla de ruedas.


“Nosotros los enfermos, que tenemos fe en Jesucristo, sabemos que somos hijos predilectos de Dios por parecernos a Cristo en el sufrimiento. El Señor nos reveló en un acto supremo de amor la gran fecundidad del dolor. Para nosotros la enfermedad es la ofrenda diaria de nuestra vida, el don de nosotros mismos. Nos impulsa saber que al final tendremos el encuentro con Dios que nos acogerá con todo su amor”.


Precisamente son ellos, los enfermos, quienes mejor pueden enseñarnos el auténtico significado de “calidad de vida” y cómo nuestras vidas, desde el inicio hasta la muerte natural, tienen mucho que aportar al mundo.


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Y… al fin llegó ella

Muchas veces pensamos que el hecho de que nos sucedan cosas a las que calificamos de buenas o malas depende de nuestra mejor o peor suerte.

En realidad, considero que somos nosotros mismos quienes podemos influir en nuestra buena o mala suerte en función de la actitud que tomemos ante las distintas circunstancias de la vida.


Es propio y natural en el ser humano sentir inquietud e, incluso, miedo ante un futuro que nos esforzamos minuciosamente en planificar pero que, en último término, no podemos dominar.


Sin embargo, debemos tener en cuenta que la actitud que adoptamos ante la vida va a condicionar en gran medida lo que nos suceda.


Para tener lo que llamamos “buena suerte en la vida” alguien aconsejaba dos cosas: la primera, estar atento a las oportunidades que la vida nos va ofreciendo, y la segunda, valorar lo que nos sucede con optimismo.


Sin duda alguna, para aquellos que tenemos fe en un Dios misericordioso, es decir, un Dios que sufre con nuestro sufrimiento y que goza con nuestras alegrías, resulta mucho más fácil encontrar el lado positivo de las cosas porque les encontramos un sentido que va más allá de lo que podemos captar a simple vista.

Por eso, una persona creyente debería saber enfrentarse al dolor con mayor entereza. Un denominador común en todos nosotros es la vivencia de experiencias dolorosas. Nadie puede conseguir que no haya situaciones de sufrimiento a lo largo de su vida pero lo que sí podemos es decidir cómo enfrentarnos a él.


La aceptación del dolor, ya sea físico o psíquico, es diferente en cada persona, porque depende de una cuestión fisiológica, de la autodisciplina de cada uno y del sentido que demos a ese dolor.


Precisamente, el nacimiento de nuestra pequeña Clara ha supuesto para mí una experiencia profunda sobre cómo enfrentarse al dolor, físico en este caso, con optimismo y sobre cómo ver que todo dolor da sus frutos. En un parto, esos frutos son inmediatos, por eso es más fácil dar un sentido a ese dolor. Pero debemos ser conscientes de que ningún dolor es estéril porque todos los sufrimientos antes o después, dan muchos y buenos frutos.


El día 7 de octubre, de madrugada (¡nuevamente de madrugada! Tengo unos hijos muy tempraneros) “rompí aguas”, el mar en el que había estado flotando mi pequeña comenzaba a desaparecer.


Lo que sientes cuando eso sucede es muy contradictorio, por un lado tienes una gran ilusión porque al fin llega el momento en el que podrás abrazar a tu hija, por otro lado tienes una gran inquietud sobre cómo saldrán las cosas. Confías en que todo vaya bien pero… siempre hay algún hueco por el que se cuelan las dudas y los temores.


Sabía que hacía falta algo más que romper la bolsa del líquido amniótico para que el parto siguiera adelante, y ésas eran las tan “temidas” contracciones. Es curioso ver en las clases de preparación al parto a muchas madres que aún no han pasado por el momento del nacimiento de sus hijos, que afirman que prefieren que les practiquen una cesárea para no tener que enfrentarse a ese dolor del que tantas veces han oído hablar.


Nos hemos ido debilitando tanto que nos negamos a afrontar cualquier tipo de dolor, ni siquiera uno tan natural e inherente a la mujer como es el de dar a luz.


Cuando comenzaron las contracciones, las recibí con bastante ilusión ya que, con la bolsa rota y sin contracciones, la niña podía acabar sufriendo algún tipo de complicación.


A medida que aumentaban en intensidad, también aumentaba mi alegría porque sabía que cuanto más dolorosas fueran, más me acercaba al gran momento. Ese dolor tan profundo traía consigo el mejor de los frutos: una nueva vida. A primera hora de la tarde nació Clara.


(Desde aquí deseo agradecer su acompañamiento y atención a todo el equipo sanitario que me atendió. Especialmente a mi matrona, Rebeca)


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Setenta veces siete


A lo largo de nuestra vida son muchas las veces en las que llegamos a sentirnos ofendidos por las personas que están a nuestro alrededor e incluso por personas que ni siquiera conocemos.
Evidentemente, la ofensa duele mucho más cuando proviene de aquellos más cercanos y cuanta más confianza hemos puesto en ellos.
He podido comprobar y experimentar en primera persona, que en numerosos de los casos en los que nos hemos sentido ofendidos, los verdaderos culpables de ese sentimiento somos nosotros mismos. Llegamos a mirarnos tanto al ombligo que pensamos que todas las acciones, miradas, expresiones, comentarios y actuaciones de los demás nos tienen a nosotros como protagonistas y las llevan a cabo con una clara intención de hacernos sufrir (sin embargo muchas veces, esas actitudes se deben a que al otro simplemente le duele la cabeza, nada más). Hemos llegado a tal extremo de egocentrismo que, al creernos el centro de todo, acabamos ahogándonos en ese amor propio exagerado y extralimitado, sospechando que hay “conspiraciones ocultas” contra nosotros en todos lados.
No son pocas las ocasiones en las que las ofensas vienen derivadas de malos entendidos… y la Historia está llena de pequeñas y grandes batallas por culpa de tales malos entendidos.
Cuando una relación debe llegar a su fin por diversos motivos, es necesario aprender a cerrar página sin heridas. Agradeciendo la riqueza de lo que supuso el contacto con esas personas en nuestras vidas y todo lo que aprendimos de ellas, sin dejarnos cegar por nuestro orgullo herido o la decepción sufrida.
Jesucristo respondió a Pedro cuando le preguntó hasta cuántas veces habría que perdonar: “Setenta veces siete” y esas son… ¡tantas!
En realidad, si lo pensamos bien, el mandato de Jesús, lejos de hacerlo para amargarnos la vida está destinado a que alcancemos la liberación que supone el perdón.
Sentir odio o rencor sólo nos encadena. Uno se da cuenta de ello cuando no es capaz de “volar” por encima de la ofensa y de seguir adelante con su vida sin “regodearse” una y otra vez en ese sentimiento tan doloroso.
¿Cuesta liberarse de él? ¡Claro que cuesta! En ocasiones, hasta demasiado, tanto que podemos llegar a sentirnos culpables por no lograr superarlo.
Por eso, cuando llega el perdón, nos sentimos tremendamente libres. La venganza no nos concede ni una mínima parte del sentimiento de liberación que otorga el perdón.
Porque cuando odiamos, los grandes perjudicados acabamos siendo nosotros y quienes viven a nuestro lado. El sentimiento de ofensa que tenemos llega a dolernos tan profundamente que se va extendiendo como la pólvora en nuestro ser y se va esparciendo fuera de nosotros hasta que logramos que todo el ambiente quede enrarecido. Entonces nos encontramos mucho peor que al principio, nos enfadamos con aquellos que no tienen nada que ver con nuestro malestar o les hacemos sentir culpables por algo de lo que no tienen nada que ver. Al final, todo se convierte en un caos de emociones y sentimientos negativos e inevitablemente terminamos amargándonos unos a otros.
Quien perdona vence, gana la batalla al dolor y a la amargura y se eleva por encima de sus pequeñeces y miserias.
Quien perdona encuentra la paz interior necesaria para vivir en armonía con los demás y vivir frente a la luz y no dentro de una oscuridad que nos reconcome.
Quien perdona deja de sentir enemigos por todos lados y comienza a mirar al mundo con otros ojos, con una mirada de comprensión y serenidad que nos equilibra y fortalece.
Quien perdona aprende a dar sentido a su vida desde una perspectiva más abierta.
Quien perdona aprende a ponerse en el lugar del otro y sentir la empatía necesaria para convivir de una manera más enriquecedora para todos.



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El alfarero

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Amanda Rosa Pérez

Una ex modelo sorprende al mundo con su conversión tras abortar e intentar suicidarse
Tras su exitoso paso, hace ya unos cinco años, por las pasarelas europeas y diversas producciones para la televisión, Amada Rosa Pérez, desapareció de la escena pública sin dejar rastro alguno. Hace poco ha vuelto, pero esta vez no para deslumbrar a hombres y mujeres con sus atributos físicos y su encanto personal sino para dar testimonio de su conversión después de haber abortado e intentado suicidarse.
Amada Rosa Pérez llegó a ser una de las modelos de pasarela más cotizadas del país pero hace cinco años desapareció de la escena pública sin dejar rastro. Hace unas semanas volvió a ser noticia al compartir su testimonio de conversión en una entrevista concedida al diario El Tiempo.
Amada confesó que padeció una enfermedad que le quitó el 40 por ciento de la audición en el oído izquierdo y empezó a cuestionar toda su vida. «Me sentía inconforme, insatisfecha, sin rumbo, sumergida en satisfacciones pasajeras, pero siempre buscaba respuestas y el mundo jamás me las dio», indicó.
«Antes era una persona afanada, estresada, me alteraba fácilmente. Ahora vivo en paz, no me afana el mundo, disfruto cada momento que me ofrece el Señor. Voy a Misa y rezo el Santo Rosario diariamente, al igual que la coronilla de la Divina Misericordia a las 3:00 p.m. Me confieso con frecuencia ante un sacerdote», agregó la colobiana, informa ACI.
Ahora se llama Amada Rosa de Jesús y María, es devota de la Virgen y una activista incansable de la comunidad religiosa Lazos de Amor Mariano.
Amada afirma que «ser modelo significa ser un punto de referencia, alguien cuyas actitudes son dignas de reproducir y yo me cansé de ser una modelo de superficialidad. Me cansé de un mundo de mentiras, apariencias, falsedad, hipocresía y engaños, una sociedad llena de antivalores, en la que se resalta la violencia, el adulterio, la droga, el alcohol, las peleas, un mundo que exalta las riquezas, los placeres, la inmoralidad sexual y el fraude».
«Quiero ser modelo de promoción de la verdadera dignidad de la mujer y no de su utilización comercial», concluyó.
Hablando de los detalles de su conversión, esta vez con la cadena Caracol, la joven de 33 años dijo que tuvo que tocar fondo para re-encontrarse con ella misma.
Un aborto y un intento de suicidio, fueron dos de las razones por las que decidió buscar el cambio. «Yo aborté y eso marcó mucho mi vida por eso estoy acá compartiendo mi testimonio».
Sobre los motivos que tuvo para tomar esas decisiones, Pérez dijo, «uno siente que la vida se le viene encima, que no va a poder con esto, no sentía apoyo y se siente uno solo. Me hacía falta amor, comprensión y apoyo».

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Andrea Bocelli

El cantante italiano Andrea Bocelli revela la historia del embarazo de su madre, durante el cual los médicos le sugirieron que abortara porque nacería con una discapacidad. En un nuevo vídeo elogia a su madre por tomar «la decisión correcta», diciendo que otras madres deben sentirse alentadas por este esta historia, informa CNA.En un vídeo de YouTube titulado «Andrea Bocelli cuenta una "pequeña historia" sobre el aborto», el cantante se sienta al piano y le narra a su audiencia una historia sobre una joven esposa embarazada hospitalizada por «un simple ataque de apendicitis».«Los médicos tuvieron que aplicar un poco de hielo en el estómago y cuando los tratamientos finalizaron los médicos le sugirieron que abortara al niño. Le dijeron que era la mejor solución porque el bebé nacería con alguna discapacidad».«Pero esta valiente joven esposa decidió no abortar, y el niño nació», continuó.«Esa mujer era mi madre, y yo era el niño. Tal vez soy parcial, pero puedo decir que la decisión fue correcta».Dijo que espera que la historia anime a muchas madres en «situación difícil», pero que quieren salvar la vida de su bebé.Bocelli tiene glaucoma congénito y perdió la visión por completo a los 12 años tras ser golpeado en la cabeza durante un partido de fútbol.El vídeo es producido por www.IamWholeLife.com una iniciativa de la «Organización Derechos Humanos, Educación y Socorro» (HERO, por sus siglas en inglés), socia de la estrella de cine pro-vida Eduardo Verástegui.

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La historia de Dick y Rick Hoyt

Se llaman Dick y Rick Hoyt, Dick (de 65 años) es el padre de Rick, que tiene parálisis cerebral, ya que al momento de su nacimiento su cordón umbilical se le enredó en su cuello, lo que le cortó la circulación de oxígeno y sangre al cerebro durante algunos minutos.Desde el principio los doctores daban un pronóstico más que reservado sobre el futuro intelectual del niño. Mas su padre y su madre estaban decididos a criarlo como una persona completamente normal. Sus padres tuvieron dos hijos más, y estaban convencidos de que Rick era tan inteligente como sus hermanos, ya que siempre quiso estar incluido en cualquier actividad, y sus padres hasta le enseñaron el alfabeto. Pero las autoridades de diferentes escuelas pensaban diferente, ya que pensaban que como no podía hablar no iba a poder entender.
Sin embargo, un grupo de ingenieros de la Universidad de Tufts, al haber visto un poco de evidencia de la inteligencia de Rick, le contaron un chiste, y según Dick (su padre, por si se les habia olvidado):
Rick se carcajeó. Entonces ellos entendieron que si podía comunicarse.
Estos ingenieros crearon una computadora interactiva con la cual Rick podía escribir con leves movimientos de su cabeza. El sistema funcionaba en pocas palabras con todo el alfabeto desplegado en la pantalla, Rick movía un cursor de letra en letra hasta llegar a la que quería usar, y con un movimiento de la cabeza la seleccionaba. Sus padres se sorprendieron al leer las primeras palabras de su hijo: “Go Bruins”, cuando en esos momentos los Bruins disputaban la Stanley Cup de hockey de los Estados Unidos, y se dieron cuenta que su hijo seguía con ellos los partidos.

En 1975 Rick fue aceptado por fin en una escuela pública, y convenció a su papá de competir en un maratón junto a él en beneficio de un jugador local de lacrosse que sufrió una parálisis debido a un accidente. Su papá nunca fue un corredor de largas distancias, pero aceptó a competir empujando a Rick de su silla de ruedas. Terminaron de últimos, pero consiguieron su victoria.
Poco a poco fue compitiendo en más eventos, y aunque al principio la actitud de sus “rivales” era intolerante, en siguientes competencias ellos más bien le deseaban éxitos y hasta hacían apuestas con él y su padre (siempre con la intención de hacerlo sentir uno más).
Después de cuatro años de maratones, Rick convenció a su padre de correr en una maratón, aunque su padre no sabía nadar ni se montaba en una bicicleta desde los 6 años de edad. Por este motivo su papá entrenaba hasta 5 horas diarias 5 veces a la semana, una de las razones por la cual Rick considera a su padre su modelo a seguir. En su primer triatlón , en un Día del Padre, terminaron penúltimos.
Para las triatlones, su padre corre empujando la silla de ruedas, pedalea con Rick sentado sobre una silla especial y nada con un bote inflable pequeño, pero pesado y estable (donde Rick se encuentra acostado) amarrado a su cuerpo. Y Rick nunca se sintieron con ninguna discapacidad cuando competían. De hecho, muchos competidores al pasarles a la pareja le decían: “Vamos Rick”; o “Ayuda a tu papá Rick”… y cuando la pareja pasaba a competidores, también decían: “De no ser por vos no estaríamos compitiendo”.
Rick se graduó de la Universidad de Boston como educador especial. Además trabaja en el Boston College desarrollando un sistema con el cual otras personas con parálisis cerebral pueda moverse en una silla de ruedas con movimientos de sus ojos, conectado a una computadora.
Ahora el Equipo Hoyt no solo compite atléticamente, sino que imparten charlas motivacionales alrededor de su país. Página oficial: http://www.teamhoyt.com/

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Adriana Macías

Perfectamente arreglada, coqueta, tiene un pedicure envidiable. A uno se le olvida a los cinco minutos que no tiene brazos.
Adriana Macías (Guadalajara, Jalisco) escribió el libro Abrazar el éxito, donde contaba la historia de su vida, cómo fue aceptarse con su discapacidad y cómo la veían sus papás. A raíz del éxito de ese volumen, nació La fuerza de un guerrero, donde narra la historia de un héroe fantástico, que en su camino conoce a personajes singulares: un joven que escucha con el corazón, a otro que lee con las manos, uno que se mueve entre sombras y a una niña que hace magia con los pies.
-Tu que has vivido con discapacidad toda tu vida, ¿cómo has notado el cambio de la sociedad hacia las PcD?
-Ha habido muchos cambios. Desde la entrada del Teletón se hizo mucha difusión de la discapacidad porque antes era no hay que hablar de eso. Ahora la actitud que tienen las personas sí es diferente, pero nos falta mucho por hacer y qué padre que sigamos teniendo metas. Qué bueno que entre más tengamos más querramos. El Teletón ayudó mucho, pero también la labor de los papás que desde antes se hacía, la labor de muchas asociaciones.
Adriana tiene cuatro meses de casada. Me enseña feliz su anillo que está, junto con el de compromiso, en su dedo anular del pie. Se casó el 26 de abril, un día después de cumplir 30 años. Su esposo, Juan Medina, no tiene discapacidad pero siempre se ha interesado en ese mundo. Sus mejores amigos son un sordo y un invidente.
-Me contrató para dar una conferencia sobre discapacidad. Yo estaba viviendo un proceso de superación de un rompimiento donde ya tenía anillo de compromiso y todo. De repente el chico me dijo: lo pensé bien y no me quiero casar con una persona con discapacidad. Que tal que mis hijos nacen como tu, o si necesito que un día de emergencia me planches una camisa y no vas a poder o si se me antoja un guiso y no vas a poder hacerlo. Fue fuerte, un año difícil. Estuve deprimida, pensé que a la mejor no me tocaba casarme, sino compartir otro tipo de cosas. Fui a una comida con Juan, yo pasé por él en un taxi. Cuando lo conocí, que en ese entonces tenía 29 años dije: con este me caso.
Desde la primera ocasión quedé enamoradísima de él. Tenemos muchos proyectos en conjunto, muchos sueños parecidos. Pero yo estaba superando el proceso, la mamá de Juan acababa de fallecer, estaba un poco triste. Fue un año difícil y de apoyarnos juntos, después de eso nos hicimos novios, cinco años de novios y nos casamos. Juan nunca ha visto mi discapacidad como un obstáculo.
En esa ocasión el mesero le dijo que por favor bajara los pies de la mesa. Cuando se dio cuenta de que era porque no tenía brazos, se apenó mucho. Pero ella, cuando se topa con alguien así, les dice lo mismo:
-Pues mire, la cuestión es que no tengo brazos, pero si se sienta aquí y me da de comer en la boquita, ¡yo feliz! Yo soy muy autosuficiente: me peino, me maquillo, la ropa que traigo hoy, yo me la puse. Cuando necesito usar traje sastre y hay cierres y broches algunos no me los puedo poner, pero él me ayuda. Los dos llevamos la casa muy bien. A veces yo lavo los trastes, a veces él. ¡Ya hubo un día una emergencia y sí le planche la camisa, sí se le antojó algo de comer y sí se lo cociné!
-¿Planean tener hijos?
-Sí, yo quisiera tener uno; Juan dice que 18... Yo le digo que si cada libro es un hijo sí, pero 18 de carne y hueso... Ya iremos viendo. Quizá si viene uno, ya me animo por el segundo. Yo tengo visualizada a una niña, ¡para peinarla y vestirla de rosa, mi color favorito!
-¿Ejerces como abogada?
-Ahorita poco. Reviso contratos. Mis propios contratos para las conferencias, los libros. O cuando Juan tiene algún proyecto o va a registrar algo a derechos de autor. Soy abogada corporativa, pero ya no tengo tanto tiempo por las conferencias, que me gustan tanto. El tiempo libre estoy con mi familia. Mi tesis fue una propuesta de ley para salvaguardar los derechos de las personas con discapacidad, antes de que existiera ninguna.
Pero la vida la llevó a otro lado.
-Siempre les digo que cuando vean a Adriana se vayan con este mensaje: si Adriana que no tiene brazos intenta ser feliz, ayudar y hacer un sueño realidad, yo puedo ser el triple de feliz, ayudar el triple y realizar el triple de los sueños. Mis papas siempre me dijeron que mi discapacidad nunca iba a ser un impedimento para lo que yo quisiera hacer. Creo que los papás en algún momento tienen que sacar la valentía para no sobreproteger a los hijos. Creo que mis papás estaban aterrados. ¿Si a cualquier joven le puede pasar algo, imagínate a una chica sin brazos en la calle, sola y en un mundo no adaptado para una persona con discapacidad. No había tanta concienca como la hay ahora. Pero ellos sabían que si pasábamos ese momento difícil, me iba a forjar mucha confianza. Era la única persona con discapacidad en la Universidad y para mi fue terrible. Pero al ver que mis compañeros lo único que querían era estudiar , era diferente, algo que no esperaban ver. Acepté que tenían derecho a voltearme a ver. Me dio una contractura muscular y dejé de usar las prótesis que usaba en los brazos. Decidí que no iba a perder un cuatrimestre por no poder llevar mis prótesis. Eran un estorbo. Sin las prótesis me sentía desnuda. Pero mis amigos me dijeron: ‘Oye Adriana, hoy sí se te hizo tarde... ¡hasta las prótesis se te olvidaron!'. Esa broma rompió el hielo. Si puedo hacer las cosas mejor con los pies, ¿porqué me angustio tanto?
En una ocasión, a los 15 días de estar haciendo mi servicio social, en el Tribunal Fiscal, la juez cumplió años y me invitaron a un desayuno de la jefa. Y fui... Hasta que llegué me acordé: ¿si yo no como sola en el restaurante, qué voy a hacer? ¿Cómo le voy a decir a mi jefe que me tiene que dar de comer en la boca si tengo 20 años? Tenía pánico. Pero todos estaban tan acostumbrados a verme hacer las cosas con los pies en el tribunal, que me quité los zapatos. Lo primero que tomé fue una taza. Y todos platicaron, en la convivencia, me voltearon a ver pero ya. Me cayó el veinte que la del pánico era yo, la frustrada soy yo. A la gente le da igual como comes, siempre y cuando no le quites de su plato sin permiso.
Doy conferencias y cursos de trabajo en equipo, de calidad. Tengo una conferencia para puras mujeres, donde me voy maquillando poco a poco, se llama "Poder femenino"... Otra que se llama "Del reino animal al mundo empresarial", las estrategias que usan todos los animales para sobrevivir, para hacer estrategias de cazar a sus presas, de protegerse entre ellos y salir adelante como analogía para los empresarios. Escribo para Libre Acceso, en su página, una columna que se llama "Las Andanzas de Adriana" sobre qué tan accesibles son los lugares.
Cuando era niña, pensaba que me iban a salir los brazos cuando creciera. Así como me crecía el pelo, o me salieron los dientes.
Aparte de escribir la segunda parte de La fuerza de un guerrero y quizá más, le encantaría escribir sobre vivir en pareja teniendo una discapacidad. "Me gustaría escribir sobre eso, pero quiero madurar más... Me encantaría escribir un libro, ya que sea mamá, que se llame: ‘Cómo educar a tu hijo con las patas y no morir en el intento'.
"Mi fuerza no nada más es mía, es de mis papás que decidieron tratarme igual que a mi hermana Eloísa. Eso me salvó la vida". Así como podía yo disfrutar y jugar, también sacudía las figuritas de porcelana de mi mamá... Cada día eran menos".
Testimonio de Juanita Hernández de Macías (su mamá)
Desde bebé empezó a agarrar su biberón con los pies y esa fue la luz para nosotros. Dijimos: ahí la vamos a apoyar, todo se lo dábamos en los pies. También tenia sus tareas y responsabilidades en la casa. Fue risueña desde muy chiquita y creo que esa sonrisa fue la que le abrió todas las puertas y le ayudó a que los niños en lugar de que la molestaran, la apoyaran.
En ese tiempo nos sentíamos solos en el mundo, que éramos los únicos con ese reto. Era 1978 cuando nació Adrianita. Encontramos el Centro de Rehabilitación mexicano que lo patrocinaba O'Farrill. Ahí recibimos un poco de apoyo para las prótesis, pero en ese tiempo la tecnología no había avanzado tanto.
En ese tiempo no había terapias para papás, me da gusto que ahora sí. Mi esposo y yo trabajábamos y nos dividíamos llevar a Adrianita a sus terapias.
En nuestro afán de ponerle algo que según nosotros le faltaba, convencimos a los doctores de que le hicieran unas prótesis de bebé que tenemos de recuerdo. Era difícil convencerla de que las utilizara. Pero ella es muy buena para hacer tratos y nos dijo: sólo las voy a utilizar para ir a la escuela, pero en la casa, uso mis pies como siempre. Y aceptamos, ella tenía que decidir también.
Dudamos sobre llevarla a una escuela regular o si darle clases en casa porque no había muchas opciones de escuelas especiales. Pero si hacíamos esto último, la íbamos a apartar del mundo. Fuimos a platicar con los maestros para que la aceptaran, fue difícil. Decían que la podían lastimar. Hasta dijeron que podrían bajar el nivel académico por aceptar a una niña con discapacidad, aunque no se utilizaba ese término entonces.
Aparte de los exámenes normales, también le hacían pruebas de psicología, de escritura. Las pasaba y ya no tenían argumentos para no recibirla y siempre con buenas calificaciones.Su hermana siempre fue muy unida a ella, es un año mayor. En el recreo siempre andaban juntas, sin que nosotros se lo pidiéramos, ella agarró el rol de mamá chiquita.
Yo sabía que era bueno que se enfrentara a las cosas sola, solo la encomendaba mucho con Dios y con la Virgen. Cuando se casó sentí mucha felicidad, es un sueño realizado, sólo me daba temor que se arriesgara a cosas por quedar bien, que la pusieran en peligro. Como en la estufa. Pero veo que Juan la apoya mucho, es muy paciente. Ya se me esta quitando la preocupación porque él la cuida. Viven a cuatro casas de la nuestra. Lo importante es la preparación, la fe. Y la paciencia. A mi me importa que ella sea feliz.




Adriana Macías. Página web: www.adrianamacias.com

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Mercedes García Laso

La psicología de la número uno
Mercedes García Laso, paralítica cerebral con una minusvalía física superior al 65%, ha obtenido el primer puesto en las pruebas para Psicólogos Internos Residentes (PIR)


La vida es dura... ¡Aunque también muy excitante!», exclama con el mismo entusiasmo con el que emprende cada nuevo reto. Y ella lo sabe mejor que nadie. Aquejada por una minusvalía física superior al 65% a consecuencia de una parálisis cerebral, Mercedes García Laso no se rinde ante nada y hasta el circense «más difícil todavía» se queda muy corto cuando se 'tira' de tópico para intentar describir sus épicas hazañas en los campus españoles.
Y es que en un país en el que, para sonrojo nacional, el porcentaje de estudiantes discapacitados que consiguen matricularse en la Universidad suele rondar el 2%, esta joven riojana de 31 años no sólo ha logrado licenciarse con brillantez en dos titulaciones de ciclo largo, Psicología y Farmacia -por Salamanca y Navarra, respectivamente- sino que acaba de obtener el primer puesto en las recientes pruebas para Psicólogos Internos Residentes (PIR), a las que se presentaron más de 2.000 aspirantes.
«¿A quiénes les voy a dedicar este número uno en el PIR? Lo tengo muy claro: a quienes estén dispuestos a 'acogerme' para hacer la residencia... ¡Soy puro pragmatismo!», asegura haciendo gala de su extraordinario sentido del humor.
Ahora mismo todo son enhorabuenas y reconocimientos públicos, bonitas palabras que llegan tras demasiados años de obstáculos en su lucha diaria por la superación personal: «Nací en 1975 y si la gente como yo se encuentra con muchas dificultades todavía hoy en día, pues imaginad cómo eran las cosas por aquel entonces. La verdad es que no he tenido grandes problemas, pero sí que he pasado por varias experiencias negativas en el pasado», cuenta García Laso. Sin embargo, todo aquello es ya agua pasada, son vivencias que prefiere «no tener que recordar, ni volver a hablar sobre ellas».
De lo que jamás se olvidará es del enorme apoyo que le prestaron «tanto en la Universidad de Navarra, donde estudié la carrera de Farmacia -allí completó uno de los cinco mejores expedientes académicos de su promoción- como en la de Salamanca», en la que se licenció en Psicología el año pasado, con un 3,2 sobre cuatro como nota media.
Vencido -y a lo grande- el escollo del PIR, está deseando completar los tres años de residencia que le esperan para poder dedicarse en cuerpo y alma al ejercicio de su auténtica vocación profesional, la terapia psicológica: «Ya tuve la oportunidad de comprobar que soy capaz de hacerlo bien en las prácticas que realicé en un centro de salud. No obstante, soy consciente de que necesitaré algunas adaptaciones debido a mis dificultades manuales».

FILOSOFÍA VITAL. Antes de alcanzar su próxima meta -que no la última-, esta joven riojana tendrá que conseguir sacarse «el título de Especialista en Psicología Clínica (al igual que un médico necesita el de Oftalmólogía para poder operar ojos) y éste se obtiene tras tres años de ir rotando por diferentes servicios sanitarios, lo cual complica bastante las adaptaciones del puesto de trabajo. ¡Confiemos en que todo me vuelva a salir bien!».
García Laso comprende que su testimonio podría servir de acicate para que cualquier persona en circunstancias similares a las suyas no arrojara la toalla y siguiera luchando por lo que más desea. Sin embargo, se muestra algo reacia a desempeñar el papel de consejera: «Tengo una filosofía que a mí me vale y que la quiero compartir con el suplemento CAMPUS por si le sirve a algún lector... ¡pero nada más! Creo que se trata de cuestiones demasiado íntimas y, como se suele decir en estos casos, no puedes ponerte en la piel de nadie hasta que no lleves durante tres lunas sus zapatos. Además, cada persona es 'incomparable' desde el punto de vista de que '' es única y '' no se puede comparar con otras».
Pudor o modestia a un lado, esta joven psicóloga, natural de Logroño, da muestra de las dotes que deberá poner a prueba muy pronto en el ejercicio diario de su profesión y explica que cuando se fija un objetivo trata de ir «directa hacia él, pero si aparecen obstáculos infranqueables o que simplemente no me merece la pena superar en ese momento, me busco otro propósito y sigo siempre avanzando hacia adelante mientras disfruto del camino».
Y es que ella ya aprendió hace mucho que una retirada a tiempo también puede considerarse como una victoria: «Esforzarse en conseguir algo es positivo siempre y cuando no se convierta en una obsesión, algo que puede llegar a resultar tremendamente peligroso. En mi opinión, lo importante es intentar ser feliz, todo lo demás resulta secundario». Tras pasar épocas tremendamente duras, esta particular forma de tomarse los acontecimientos que le va deparando la vida ha llevado a Mercedes García Laso precisamente al lugar al que quería arribar y por eso confiesa sentirse «muy a gusto conmigo misma».

EL VALOR DEL ESFUERZO

«Estoy dispuesta a esforzarme mucho para poder dedicarme a mi profesión», afirma Mercedes García Laso. La palabra esfuerzo es una de las que más presencia tienen en su vocabulario personal. Nacida en Logroño en 1975, el relato de su vida está plagado de afán de superación y amor propio, cualidades que le han permitido licenciarse en dos carreras con brillantes expedientes académicos y obtener la primera plaza en las pruebas para psicólogos residentes. Su tremendo empuje también la ha llevado a dominar dos idiomas -inglés y francés-, a sacarse (¡y a la primera!) el carné de conducir y a colaborar con varias ONG. Pero eso no es todo. García Laso es una asidua de los talleres de teatro, acostumbra a participar como ponente en mesas redondas sobre discapacidad y también publica artículos de opinión en diversos medios de comunicación. El caso es no parar.

SE PRESENTARON A LAS PRUEBAS 2.000 CANDIDATOS
UNA PARALÍTICA CEREBRAL CONSIGUE SER LA PRIMERA EN UNAS OPOSICIONES PARA PSICÓLOGO


La riojana Mercedes García Laso, que tiene una parálisis cerebral de nacimiento y una discapacidad del 80%, ha logrado el número uno en las oposiciones para Psicólogos Internos Residentes (PIR). A estas pruebas, se presentaron más de 2.000 licenciados.
"Nunca me he rendido ante las dificultades", ha señalado García. dispuesta ejercer su profesión por encima de todo porque "lo que me hace ilusión es trabajar".
Mercedes García Laso, nacida en Logroño hace 31 años, tiene un expediente académico envidiable, con licenciaturas en Farmacia -con uno de los cinco mejores expedientes de su promoción en la facultad de Pamplona- y Psicología en Salamanca.
"No me gusta estudiar, pero siempre he sido buena en ello", confiesa la psicóloga.
Su etapa universitaria le "cambió la vida"
La universidad ha sido el lugar en el que, probablemente, más ha podido demostrar la fuerza de su carácter y su afán para superar las dificultades de movilidad y para escribir.
Una silla de ruedas eléctrica y el ordenador le facilitaban el trabajo "y también las amigas con las que vivía me ayudaban cuando necesitaba algo" aunque "al hacer algún papel o hablar con un profesor nadie podía ayudarme, eso es algo personal".
"La universidad me cambió la vida", asegura, ya que a los 19 años superó "la etapa más difícil, la adolescencia" cuando no se "atrevía ni a bajar a comprar el pan, por vergüenza".
Antes "había sido una niña muy alegre, no tuve problemas con los otros niños" aunque admite que "estaba todo el día por el suelo".
La psicología, su verdadera vocación
Después del instituto estudió Farmacia en Pamplona "pero ya antes de acabar vi que no era lo mío, porque para mí hubiese sido muy difícil trabajar en una farmacia", afirma.
En su estancia en la Universidad de Navarra descubrió su vocación de psicóloga, "porque la gente venía a hablar conmigo, me contaba sus problemas y yo no sabía por qué" quizás porque "tengo empatía, me pongo en el lugar del otro".
"Desde entonces empecé a leer sobre psicología y una amiga que ya ejercía esa profesión me habló de su trabajo". Convenció a sus padres para matricularse en Psicología en la Universidad de Salamanca, carrera que finalizó en tres años y medio "aunque no me convalidaron ni una asignatura".
"Me lo tomé como un trabajo" y "no tuve la típica vida de estudiante entre semana" aunque "los fines de semana sí salía, ¡estaba en Salamanca!", exclama, en alusión al ambiente estudiantil de la ciudad castellana.

MERCEDES GARCÍA LASO NÚMERO 1 DEL PIR

«Mi virtud es que soy responsable y sé cuáles son mis obligaciones»
La riojana Mercedes García, que sufre parálisis cerebral, consigue el número uno en las pruebas para psicólogos residentes (PIR)

Mercedes García Laso, logroñesa de 31 años, ha conseguido el número uno de entre más de dos mil aspirantes en las pruebas para Psicólogos Internos Residentes (PIR), el equivalente al MIR médico. El lunes pasado conoció la nota. Pero en el ya meritorio éxito de Mercedes, se da además una circunstancia excepcional: la joven sufre una parálisis cerebral que le provocó una minusvalía física del 65%. Mercedes tiene que usar a menudo silla de ruedas, pero sólo para sus desplazamientos largos. Tampoco puede escribir a la misma velocidad que sus compañeros, pero con la ayuda del portátil y de las fotocopias y con la comprensión de los profesores, ha sido capaz de llevar al día (más que al día) todos sus estudios.
Ahora, la joven riojana se encuentra en un momento crucial de su vida: debe elegir destino entre los 98 puestos ofertados para los PIR. Pero aún tiene dudas. «Por un lado, me gustaría estar cerca de Logroño (en la capital riojana no se ha convocado ninguna plaza). Pero por otro, quiero estar en un buen hospital donde pueda aprender cuanto más mejor», relata. Mercedes aspira a trabajar en terapia, aunque, al contrario que en el MIR, en el caso de los psicólogos existe una especialidad única, Psicología Clínica. La joven, que ya ha comenzado a informarse a través de sus profesores, visitará en las próximas semanas diferentes hospitales para conocer de primera mano sus posibles elecciones. «Tendré que decidir en abril», añade, mientras advierte de que su parálisis no le impide prestar terapia «perfectamente». Mercedes rechaza ser etiquetada como «ratón de biblioteca». Al contrario, se considera preparada para el lado práctico de su profesión y lo prueba con las ofertas de trabajo que recibió mientras vivió en EEUU y su frecuente participación en mesas redondas, conferencias y coloquios, donde suele ser invitada como ponente.

«Nerviosísima»

Mercedes se examinó del PIR el 20 de enero. Aunque las pruebas se realizan en todas las comunidades autónomas, las personas con discapacidad se desplazan a Madrid. Ella confiesa que estaba «nerviosísima» cuando se sentó a responder a las preguntas del examen. «Te lo juegas casi todo en un día: hay mucha gente y pocas plazas», agrega. Pero no tenía motivos para la inquietud: se había licenciado en la Facultad de Psicología de Salamanca seis meses antes con un expediente brillante, después de acabar la carrera en tres años y medio en lugar de los cinco pertinentes.
En el medio año previo al PIR, Mercedes ya había preparado las pruebas con un programa espartano y apuntes que llenaban una habitación. «Mi virtud es que soy responsable y sé cuáles son mis obligaciones», explica. La misma receta de esfuerzo que aplicó en Salamanca. «Yo me lo pasé muy bien los fines de semana, pero sabía que de lunes a viernes, estudiar era mi trabajo», cuenta.
Salamanca fue la segunda parada de Mercedes alejada de su nido familiar de Logroño. En 1994, la joven salió por primera vez a estudiar fuera, a Pamplona, donde se licenció de su primera carrera, Farmacia. «Durante el Bachillerato fui por Ciencias porque era más fácil y decidí hacer Farmacia. El primer año en Pamplona, compartiendo piso con cuatro personas, fue el mejor de mi vida. Me solté, me atreví a hablar con la gente; antes no bajaba ni a comprar el pan. Fue maravilloso y cada uno de los cinco años, mejor que el anterior», cuenta. Mercedes acabó la carrera con uno de los cinco mejores expedientes de su facultad en la Universidad de Navarra. «Pero pronto me di cuenta de que Farmacia no era mi verdadera vocación», sigue. Y como Mercedes cree que los sueños están para cumplirlos, desechando becas, 'másters' y trabajos, comenzó su aventura en Salamanca. Un brillante trayectoria saldada ahora con el penúltimo éxito: el número uno en unas pruebas que le abren las puertas al mercado laboral. Su próximo reto.

“Mi vocación es la terapia y estoy dispuesta a esforzarme mucho para dedicarme profesionalmente a ella”

- Mercedes García Laso, licenciada en Farmacia por la Universidad de Navarra y con una minusvalía del 65%, ha obtenido el número uno en el PIR

Mercedes García Laso. Foto: Manuel Castells
Mercedes García Laso, graduada en Farmacia en la Universidad de Navarra (1999) y en Psicología en la Universidad de Salamanca, ha obtenido el primer puesto en las pruebas para Psicólogos Internos Residentes (PIR). La parálisis cerebral que le provoca una minusvalía mayor del 65% no ha sido obstáculo para que esta logroñesa de 31 años haya destacado entre más de 2.000 aspirantes. “Mi vocación es la terapia. Me siento muy segura de ello tras realizar prácticas porque sé que lo puedo hacer. Estoy dispuesta a esforzarme mucho para dedicarme profesionalmente a ella”, asegura.
Cuando Mercedes terminó el Bachillerato se encontraba “totalmente apática” y no sabía qué estudiar. Los consejos de una amiga de su madre le encaminaron a Farmacia. Sí tenía clara una cosa: “Quería estudiar en la Universidad de Navarra. Pensé que sería lo mejor para mí por la atención personalizada y el primer año en Pamplona fue el mejor de mi vida”.

Vocación terapéutica
Además, la convivencia universitaria le descubrió la amistad, le abrió la mente y le aportó confianza. “Vi que con esfuerzo se puede conseguir todo”, cuenta Mercedes.
Su trayectoria en la Universidad de Navarra fue brillante y productiva. Un expediente académico entre los cinco mejores de su promoción y sus prácticas en el Servicio de Farmacia de la Clínica Universitaria así lo avalan. Pero las confidencias de sus amigas a lo largo de la carrera le descubrieron su vocación profesional. En 2002 comenzó una nueva etapa en Salamanca, donde en tres años y medio, en lugar de los cinco comunes, se licenció en Psicología con un 3,2 sobre 4 como nota media.
“Teniendo en cuenta mis dificultades, es el trabajo que mejor puedo desarrollar. Me encanta y los profesores y mis tutores de prácticas me han dicho que se me da muy bien”, asevera Mercedes, quien asegura que no escatimará esfuerzos para conseguirlo.
Dentro de un mes, se vislumbrará su futuro profesional. Por el momento, cuenta con varias posibilidades. “Barajo trabajar en Pamplona pero estoy abierta a cualquier lugar de España. Sólo quiero ir dónde pueda aprender lo máximo posible para dedicarme a la terapia psicológica. Tendré alguna dificultad, por ejemplo, al llenar la historia clínica, pero confío en desarrollar bien mi trabajo”, enfatiza Mercedes.

MERCEDES GARCÍA LASO –PRIMER PUESTO EN LA CONVOCATORIA PIR

Mercedes García Laso, es original de Logroño, tiene 31 años, y acaba de saber que ocupa el primer puesto de entre los más de dos mil aspirantes en las pruebas para Psicólogos Internos Residentes (PIR). Esta joven excepcional, que ya contaba con una licenciatura en Farmacia, cursó sus estudios de Psicología en tres años y medio, y se licenció hace aproximadamente 7 meses en la Facultad de Psicología de Salamanca.
Más excepcional resulta el hecho de que Mercedes tiene una parálisis cerebral que le ha provocado una minusvalía física mayor del 65 por ciento, lo que convierte su mérito en todo un ejemplo de constancia y superación.
El currículum de Mercedes no se reduce a lo académico. Según afirma, no le gusta estudiar. Viajó sola, haciendo trasbordo en Nueva York, a Maryland donde trabajó como voluntaria; está muy implicada en el movimiento asociativo de personas con discapacidad; ha participado como ponente en varias mesas redondas; estuvo trabajando con una beca en el Gobierno de La Rioja; ha realizado prácticas en diversos organismos ¡y tiene el carné de conducir! Resulta evidente que Mercedes no es un "ratón de biblioteca" aunque estudiar se le dé muy bien.

ENTREVISTA

En primer, lugar queremos agradecerte que nos hayas concedido esta entrevista, tenemos constancia del gran número de llamadas y entrevistas que te están solicitando diversos medios. Mercedes, enfrentas ahora un momento crucial: elegir destino entre los 98 puestos ofertados para los PIR. ¿Has pensado ya dónde te gustaría realizar la residencia?
Todavía estoy recogiendo información. Quiero encontrar el sitio más adecuado para mí, donde sean sensibles a mis peculiaridades y estén dispuestos a hacer un esfuerzo conmigo.
Voy a tener algunas dificultades a la hora de hacer la residencia, sobre todo porque consiste en una rotación por diversos servicios, lo que hace difícil la adaptación del puesto de trabajo.
En el Practicum que realicé en un Centro de Salud comprobé que podía conducir una terapia, con ciertas adaptaciones por mis dificultades manuales, por supuesto. Fue esto, junto con el consejo de profesores y tutores, lo que me animó definitivamente a preparar el PIR como siguiente paso al objetivo que tengo desde hace años de dedicarme a la terapia.

¿Cómo encaras esta nueva etapa?
Como un nuevo reto ¡me encantan los retos! Siento miedo pero estoy acostumbrada a ello. Creo que es una gran oportunidad para seguir aprendiendo y creciendo, tanto profesional como personalmente.

Seguramente hayas fantaseado en numerosas ocasiones con cómo serán los meses de residencia. ¿Qué expectativas tienes respecto al PIR?
Como te decía antes, confío en que todo salga bien. Me importa mucho más que me "acojan a gusto" que la localización cerca de Logroño o la orientación teórica.

¿Cómo ha sido todo el proceso hasta presentarte al examen?
Lo primero fue tomar la decisión de preparar el PIR, para lo cual consulté a profesores, residentes y demás. Luego me matriculé en una academia para estudiar a distancia y posteriormente realicé un curso intensivo.
¡La verdad es que me he pegado una "panzada" de estudiar tremenda!

En el futuro, ¿dónde te gustaría desarrollarte profesionalmente?
Quiero hacer terapia y, dependiendo de las circunstancias, me especializaré o no en personas con discapacidad.
En principio -y digo "en principio" porque con mis experiencias en la residencia todo puede cambiar- confío en construirme un tipo de terapia que se ajuste a mis características personales y actualmente los enfoques que más me gustan para ello son el sistémico, el humanístico, el post-racionalista y/o integrador. Pero quiero insistir en que esto es lo que pienso "ahora", con lo cual no tengo ningún inconveniente ¡al contrario! en formarme en otras orientaciones.

El Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos ha venido denunciando desde hace tiempo que el número de plazas PIR son insuficientes para cubrir la demanda asistencial de psicólogos clínicos en el Sistema Nacional de Salud. ¿Cuál es tu opinión a este respecto? ¿Te parece que sería necesaria una mayor incorporación de psicólogos al Sistema Nacional de Salud?
Por supuesto, son necesarios más Psicólogos para mejorar la atención psicológica a la población tanto en calidad como en cantidad. Por lo que conozco, con sesiones de media hora cada tres semanas no se puede hacer demasiado…

Como posiblemente conozcas, desde que en el año 2003 se aprobara la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS) 44/2003, excluyendo a la licenciatura en Psicología del reconocimiento como profesión sanitaria, el debate en torno al estatus profesional de la Psicología ha sido constante en numerosos foros relacionados con esta disciplina. ¿Cómo valoras tú las medidas propuestas hasta el momento para hacer frente al conflicto del reconocimiento sanitario de la Psicología? ¿Qué medidas consideras que deberían tomarse?
La verdad es que no estoy demasiado informada al respecto. Espero que la "unificación de titulaciones europeas del 2010" (creo que se llama así) sea una oportunidad para el cambio y en ello el Colegio Oficial de Psicólogos deberá jugar un papel importante.

Una riojana con parálisis cerebral, número uno entre más de 2.000 opositores al PIR

Mercedes García Laso, licenciada en Farmacia por la UN y en Psicología, tiene una discapacidad del 80 por ciento

La riojana Mercedes García Laso sufre parálisis cerebral de nacimiento y tiene una discapacidad del 80 por ciento, pero ha logrado el número uno en las oposiciones para Psicólogos Internos Residentes (PIR) a las que se presentaron más de dos mil licenciados.

Nunca me he rendido ante las dificultades», recalcó esta mujer, dispuesta ejercer su profesión por encima de todo porque lo que le hace ilusión «es trabajar».
Mercedes García Laso, nacida en Logroño hace 31 años, tiene un expediente académico envidiable, con licenciaturas en Farmacia -con uno de los cinco mejores expedientes de su promoción en la Universidad de Navarra (1999)- y Psicología en Salamanca, a pesar de que «no me gusta estudiar, pero siempre he sido buena en ello».
Sin embargo, la universidad ha sido el lugar en el que, probablemente, más ha podido demostrar la fuerza de su carácter y su afán para superar las dificultades de movilidad y para escribir.
Una silla de ruedas eléctrica y el ordenador le facilitaban el trabajo «y también las amigas con las que vivía me ayudaban cuando necesitaba algo» aunque «al hacer algún papel o hablar con un profesor nadie podía ayudarme, eso es algo personal».
«La universidad me cambió la vida», asegura, ya que a los 19 años superó «la etapa más difícil, la adolescencia» cuando «no me atrevía ni a bajar a comprar el pan, por vergüenza».
Antes «había sido una niña muy alegre, no tuve problemas con los otros niños» aunque admite que «estaba todo el día por el suelo».
Después del instituto estudió Farmacia en Pamplona «pero ya antes de acabar vi que no era lo mío, porque para mí hubiese sido muy difícil trabajar en una farmacia», confiesa.
Sin embargo, en su estancia en la Universidad de Navarra descubrió su vocación de psicóloga, «porque la gente venía a hablar conmigo, me contaba sus problemas y yo no sabía por qué» quizás porque «tengo empatía, me pongo en el lugar del otro».
«Desde entonces empecé a leer sobre psicología y una amiga que ya ejercía esa profesión me habló de su trabajo», por lo que convenció a sus padres para matricularse en Psicología en la Universidad de Salamanca, carrera que finalizó en tres años y medio «aunque no me convalidaron ni una asignatura».
Lo consiguió gracias a que «me lo tomé como un trabajo» y «no tuve la típica vida de estudiante entre semana» aunque «los fines de semana sí salía, ¡estaba en Salamanca!», exclama, en alusión al ambiente estudiantil de la ciudad castellana.

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Kyle Maynard

Sin manos ni pies escribe –con bolígrafo y ordenador–, conduce su cherokee y hace mil otras cosas que parecían imposibles.

No hace falta haber terminado este libro para desear encontrarse con algún defensor del aborto, uno de esos eugenesistas posmodernos que se desayunan con unos cuantos embriones humanos en las papeleras y decirle: ¡Chúpate esa!
Esa es la primera reacción. Kyle Maynard nació con una amputación de causas desconocidas. Sus piernas acaban justo encima de las rodillas y sus brazos donde deberían estar los codos. Cuando el pediatra lo puso en brazos de sus padres, sabedores ya de que no tenía extremidades, su madre suspiró de alegría diciendo: “¡No puedo creer que sea tan hermoso!”. Pero la belleza de esa vida no acabó ahí, sino que justo empezaba, lo mismo que la de quienes lo siguen acompañando desde hace años.
Kyle Maynard nació en un hogar, no en una factoría donde los hijos se producen por encargo y con derecho a devolución si no se cumplen las expectativas. Por lo mismo sus padres, creyentes sinceros en Dios, desean lo mejor para su hijo y no para ellos. Cuando nace con esa limitación física no se escandalizan. Simplemente piensan que Dios debe tener algo previsto para él y que todo conducirá a un buen fin. Y en seguida se ponen manos a la obra.
El padre enseguida se dio cuenta de que si no enseñaban a Kyle a valerse por sí mismo lo haría un ser totalmente dependiente y, además, impedirían sus posibilidades de progresar. Por eso, y sin dejar de acompañarlo, hubo de aprender a comer solo y muchas otras cosas. Eso le inculcó una mentalidad: nunca se deben poner excusas, porque ello hace que de antemano nos indispongamos para lo posible, aunque sea difícil.
Uno se emociona, y se avergüenza un poco de sí mismo, cuando ve donde ha llegado Kyle. Sin manos ni pies escribe, tanto con bolígrafo como a ordenador, conduce su cherokee y hace mil otras cosas que, de antemano, parecerían imposibles. A través de la historia que nos narra descubrimos al niño que se supera a diario, que llega a formar parte de un equipo de fútbol americano y consigue ser campeón de lucha libre o batir record en levantamiento de pesas.
Pero eso es sólo la parte exterior de un alma grande, de un deseo de superación difícilmente igualable y un testimonio estremecedor de cómo la dignidad de la vida está por encima de las circunstancias.
Vale la pena leer este libro, que estimula a afrontar a vida con una mayor ilusión y sin excusas. Irene Villa, que perdió las dos piernas en un atentado de ETA, enriquece el ya de por sí imprescindible libro con un prólogo, que es también un testimonio y un reconocimiento.
En la actualidad Kyle Maynard estudia en la Universidad. Es conocido por millones de personas que lo han visto u oído en la televisión, los periódicos y la radio. Nadie ha quedado indiferente. Muchos, gracias a él han aprendido a afrontar sus propias vidas de otra manera. Un libro imprescindible para dejar de respirar nihilismo.
Cuando la estrella televisiva Larry King entrevistó a Kyle en su programa de la BBC, los telespectadores norteamericanos respondieron emocionados. Fue una de las entrevistas con mayor audiencia, hecha a partir del libro Sin excusas que escribió el propio deportista. Su publicación ha sido el mejor estímulo para muchos minusválidos de todo el mundo.
Kyle Mainard (1986) nació con una rara enfermedad llamada amputación congénita. No tiene brazos a partir de los codos, ni piernas a partir de las rodillas y mide tan solo un metro y veinticuatro centímetros. Sus padres, pese a la recomendación de aborto, decidieron seguir adelante, enfrentándose a la denominada "cultura de la muerte". El resultado ha sido un hijo luchador y competitivo en el deporte que ha llegado a conseguir records en el deporte.
"Salvando la diferencia, que sobrepone la capacidad de este deportista de excepción a la mía, tenemos de nuevo algo en común: las ganas de superarnos, de ponernos retos, de divertirnos, de ser felices", escribe en el prólogo Irene Villa, la joven a la que una bomba de ETA cortó las piernas cuando tenía doce años y practicaba el baloncesto y el patinaje sobre hielo.
Para Kyle, sus experiencias con los boy scouts marcaron su infancia y le sirvieron para demostrar una vez más, que no había límites, que podía hacer lo que los demás niños de su edad y que de nada valía quedarse en casa lamentándose de sí mismo.
Competidor por temperamento Kyle Maynard se propuso tener éxito como deportista y con duro entrenamiento llegó a ser campeón de lucha libre en el estado de Georgia y en 2005 consiguió el record mundial en la categoría de halterofilia modificada de banco, al levantar 163 kilogramos, tres veces el peso de su cuerpo.
Arnod Schwarzenegger, gobernador de California, ex campeón de culturismo y ex actor ha dicho: "Como campeón de halterofilia y de lucha libre, Kyle Maynard es la bomba. Pero como ser humano excepcional. Es una de las personas más inspiradoras que he conocido. Recomiendo "Sin excusas" a todo el mundo".

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Carlota Ruiz Dulanto

Este vídeo fue emitido en el programa "Últimas preguntas" de TVE2 el pasado 4 de mayo de 2008. Este es el testimonio de Carlota Ruiz de Dulanto, madre de tres hijas y directiva de una importante empresa, sobre su experiencia de fe, especialmente ante circunstancias difíciles de su vida.








(MUNDO CRISTIANO - 22-9-2005) - Me llamo Carlota Ruiz de Dulanto, nací en la década de los 60 en una familia maravillosa, soy la mayor de 3 hermanos y la única chica. La enseñanza primaria la hice parte en París, donde estaba destinado mi padre, y la secundaria en Madrid, en el colegio Montealto. Estudié la carrera de Derecho en la Autónoma de Madrid.
A los 25 años sufrí un accidente grave, estaba trabajando en Michigan (EEUU) y durante un tornado me cayó un árbol en la espalda y me rompió la columna vertebral a nivel de las lumbares. En cuestión de segundos pasé de ser una bailona, esquiadora y deportista a sentarme en una silla de ruedas para toda la vida. Luego he conseguido desplazarme también con muletas pero en aquel momento, en la sala de urgencias del hospital, el pronóstico fue taxativo: "You will never walk again" (nunca volverás a andar).
A partir de ahí, me cambiaron los planes de vida, olvidé la carrera diplomática y entré a trabajar en IBM. Javier, mi marido, que entonces era mi novio, no se fue de mi lado, caso bastante inhabitual en estas circunstancias tan difíciles. Pasaron unos años, nos casamos y hemos formado una familia.
Trabajo en un departamento de IBM de operaciones financieras de la región sur de Europa, mi discapacidad no es un problema ni para mí, ni para mis compañeros, ni para la compañía. Compagino bastante bien mi vida familiar y laboral gracias a Javier y a mi madre, que están siempre implicados, y a la política de teletrabajo de mi empresa, que me permite flexibilizar los horarios de entrada y salida y si es necesario también trabajar desde casa. Y sobre todo porque Dios y solo ÉL es quien provee, Él me ha dado unas limitaciones y Él se encarga de solucionarlo todo, Él lo hace todo yo no hago nada. Dios nos ha regalado 3 hijas, Mencía, Mariana y Paloma. Estas tres princesas, ante los aspavientos de mi respuesta, muy a menudo me hacen esta pregunta:
- Mamá cuando te encuentres con Dios ¿qué le vas a decir?
- ¡¡¡Me lanzaré en sus brazos y me lo comeré a besos!!!
Realmente eso es lo que me produce pensar en mi Padre del Cielo. Cuando miro para atrás y veo mi vida, siento con qué delicadeza ha ido Dios guiándome... Nada de lo que me ha ocurrido ha sido por casualidad, su mirada amorosa estaba junto a mí, especialmente en los momentos más duros, que os aseguro los he tenido, quizá en esos momentos de pánico, dolor y desconcierto no lo notaba, pero sí sentía una algo firme que me decía "Carlota confía... confía ... confía..."], me ha rodeado de ángeles, han caído en mis manos libros muy profundos, me ha protegido siempre. Os puedo contar una historia muy bonita que me hizo caer rendida de fe a los pies de la Virgen María. En el año 2000 estaba embarazada de mi tercera hija y, como no iba a nacer hasta el 20 de noviembre, me fui tranquilamente de vacaciones a casa de mis suegros a Fuenterrabía. Contra todo pronóstico, el 15 de Agosto me puse de parto; en la Maternidad de Ntra. Sra. de Aranzazu de San Sebastián no pudieron pararlo y, esa misma noche, di a luz una niñita que más parecía una codorniz, de 600 gramos de peso, que me dijeron que no era viable. Cabía en las palmas de las manos de la enfermera que se la llevó, me ofrecieron verla pero no pude, no quería recordar su carita en mis sueños.
Le pedí a la enfermera que se la llevó que la bautizara. Cuando salí del quirófano me llevaron a otro cuarto con otra madre que también había perdido a su bebé y me dieron unas pastillas para cortarme la leche. A las 3 de la mañana apareció un pediatra a explicarnos la tenebrosa situación: la niña tenía un respirador y un derrame cerebral de prematura y, era tan inmadura, que el pronóstico era muy grave. Tenía pocas probabilidades de vivir y si vivía tendría graves secuelas.
La sensación de vacío, de soledad, de fracaso y tristeza me invadió por completo. Las horas cercanas a la madrugada eran metálicas y frías, oía llorar a otra madre en la cama de al lado, yo no tenía fuerzas ni para llorar, mi cabeza giraba en torno al vacío de la situación, había dado a luz a una niña que no iba a vivir.
En esos momentos de desolación absoluta, me acordé que la niña había nacido el día 15 de Agosto, la Asunción de María, a las 23:50, e hice la pirueta espiritual... Amanecía en San Sebastián, por la ventana se veía el cielo azul con hilos de nubes rosas, y pensé en Ella, en mi querida Madre del Cielo, revestida de gloria y nubes rosas, y le pedí lo imposible. Yo soy parapléjica y al pensar que mi hija podía ser paralítica cerebral toqué fondo: "¿dónde iba yo en silla de ruedas empujando otra silla de ruedas?". Tenía que creer en lo imposible y le pedí con toda mi alma a la Virgen una niña viva y sana. Cuando por la mañana regresó mi marido y le conté la osadía de mi petición, pensó que en esa noche fatídica, no sólo había perdido una hija, sino que además su mujer se había vuelto loca. A la mañana siguiente fuimos a la incubadora, el panorama era desolador, era el bebé más pequeño que habíamos visto nunca, a su lado un niñito en parecidas condiciones se acababa de morir. Fuimos a buscar al capellán para que le diera la Unción de Enfermos, porque ya la había bautizado la enfermera, y le pusimos de nombre Paloma. Íbamos dos veces al día a verla, a acariciarla y a sufrir a su lado. Pruebas, ecografías, vías, transfusiones, informes, el pulsímetro pitando a todas horas... Estuvo un mes con paradas cardiorrespiratorias que se la podían llevar en cualquier momento, cada día que llegábamos al hospital estábamos preparamos para la peor noticia. En esa angustia, me colgué de Ntra. Sra. de Aránzazu en la capilla del Hospital y le pedí hasta el hastío por esa niña. Os aseguro que cuando me quedaba sola en la capilla se lo pedía a gritos.
Cuando llegó a un kilo de peso, la trasladaron en UVI móvil a La Paz a Madrid, donde nuestras otras hijas empezaban ya el colegio. Allí estuvo dos meses más. Costó mucho pero, por fin, el 22 de noviembre nos la llevamos a casa con oxígeno y mucho miedo, agotados, pero nos la llevamos. Tuvo alguna recaída en los primeros meses, os aseguro que fue una pesadilla.
Hoy Paloma tiene 4 años va al colegio Montealto, es una niña más que sana, es fuerte, es guapa, lista, resolutiva, es vital y alegre, no tiene secuelas, es una superviviente que nos recuerda cada día que para Dios no hay nada imposible. En las cruces subsiguientes que me va presentando la vida, veo a Paloma y confío: estamos en manos de Dios, en las mejores manos, el problema es que no nos lo creemos.
También he descubierto la Cruz, el misterio de la Cruz Gloriosa, como siempre, Él está detrás, liberándonos y abriéndonos con ella la puerta del cielo. Él nos ha traído a este mundo y no nos deja solos, está ahí siempre, respetando nuestra libertad y susurrándonos al oído: "te quiero con locura, tanto que he dado mi vida por ti, y te creé porque te quiero y quiero que seas feliz conmigo eternamente"

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