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INVOLUCIONANDO

Hitler escribió en el libro que fue publicado en 1925, Mein Kampf – Mi lucha: "El pueblo está obligado a cuidar de que SÓLO los individuos sanos tengan descendencia".


Casi un siglo después de esto, casi nadie duda en afirmar que Hitler ha sido uno de los hombres que mayores barbaridades ha cometido contra la humanidad y, por ello, se ha ganado el puesto de ser uno de los personajes más odiados de la historia.

Sin embargo, hace pocos días, me quedé estupefacta al leer en un medio de comunicación nacional la siguiente afirmación:

"Desde luego, los padres que decidan llevar a término el embarazo del feto defectuoso y que deseen sacrificar sus vidas por criarlo, merecen respeto y apoyo, aunque no suele ser eso lo que elige la mayoría de la gente razonable en ningún país del mundo".

Es cierto que se usa un lenguaje más comedido en las formas pero, en el fondo, es más de lo mismo: un fascismo radical, eso sí, disfrazado de progresismo y de lo que se han llamado "libertad reproductiva", como si el lenguaje “buenista” cambiara en algo el sentido profundo de esta ideología.

Ese mismo artículo arremete más adelante contra quienes defienden la vida como el bien más preciado y el mayor de los derechos, con independencia de sus condiciones externas, y se centra en ofender a quienes entendemos que ese valor de la vida es dado porque toda vida viene de Dios.

De nosotros dice que estamos "obsesionados por su oposición a la libertad reproductiva de las mujeres y por su celebración de la enfermedad y la malformación de los fetos como pruebas a las que Dios nos somete para hacernos sufrir en este valle de lágrimas".

Son palabras ofensivas para la dignidad de toda vida humana y palabras ofensivas para quienes trabajamos cada día porque esa vida sea valorada y cuidada.

Quien escribe ese artículo no tiene ni idea de la teología cristiana sobre el mal y el dolor. Nadie celebra una enfermedad o malformación. Lo que sí hacemos es respetar y cuidar con caridad a quienes son más débiles porque sabemos que la vida es un don, un regalo, y como tal hay que protegerlo y mimarlo.

Aquellas personas que logran superarse a pesar de las limitaciones con las que pudieran nacer, o que les hayan sobrevenido a lo largo de su vida, son un ejemplo para el resto, para no rendirnos cuando llegan las dificultades, y por ello hacen del mundo un lugar mucho mejor.

Si no, que se les pregunten a los padres y familiares de aquellos que nacen síndrome de Down si la vida de sus hijos merece ser vivida menos que la de otros a los que nos hemos empeñado en llamarnos "normales".

Podríamos fijarnos en la vida de Nick Vujicic, un hombre que nació sin extremidades, que ha actuado en películas, sabe nadar, hace surf, se tira en paracaídas, y que recorre el mundo dando charlas en las que anima a la gente a superarse, recientemente ha sido padre, de Tony Melendez, guitarrista sin brazos, de Jessica Coix, piloto de aviones sin brazos, Andrea Bocelli, cantante lírico profesional invidente y tantos otros que, a pesar de haber nacido con alguna discapacidad, han logrado llevar una vida con más libertad y menos limitaciones que las que los "normales" nos empeñamos en ponernos día a día.

Nadie con un poco de sensibilidad o empatía hacia el prójimo podría decir que la vida de estas personas no merece la pena ser vivida. ¡Al contrario! Sus vidas son motivación e inspiración para muchos otros.

¿Quién tiene derecho a decidir qué vidas merecen ser vividas?

He visitado recientemente el Museo de la Evolución Humana en Burgos. En Atapuerca se halló el cráneo de Benjamina, una niña de 10 años discapacitada que murió hace 530.000 años, su familia, su grupo social cuidó de ella, si no, habría sido imposible que llegara a cumplir esa edad.

La de Benjamina es la primera historia de solidaridad social de la que se tiene constancia. Sin embargo, en pleno siglo XXI estamos ensalzando el diagnóstico prenatal como un gran avance para la humanidad para poder “deshacernos” de aquellas personas que hemos decidido que no merecen vivir. Y yo me pregunto… ¿Será que estamos "involucionando"?



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Por sus frutos los conoceréis


En los últimos días, no sé si será con la llegada del buen tiempo, o porque las hormonas andan revueltas, me he encontrado con varios enfrentamientos entre los alumnos en las clases.
Los chicos han entrado casi sin darse cuenta en una espiral de faltas de respeto e insultos de las que ahora no quieren o no saben salir. ¡Y me da tanta pena y tanta rabia verlos hacerse tanto daño!
La única forma de romper con ese mal ambiente es que alguien corte la espiral. Y para eso, hacen falta muchas dosis de paciencia, de humildad y de perdón.
Me esfuerzo, no por mediar entre ellos ya que les cuesta escuchar, sino por hacerles caer en la cuenta de que así, no llegarán a ningún sitio en donde encuentren la felicidad. Pero, sólo el paso del tiempo mostrará si todo ese esfuerzo sirve para algo positivo o no.
Como ya he comentado en otras ocasiones, no es a nosotros, a los que nos dedicamos a la enseñanza, a quienes nos corresponde recoger los frutos de lo que sembramos día a día, con constancia y tesón.
Continuamente debo hacer un ejercicio interno para asumir que es así y no llegar a desesperar o dejarme vencer por el desánimo.
En la vida, todo aquello por lo que nos esforzamos y por lo que luchamos, todo por lo que sufrimos, termina dando sus frutos si nos enfrentamos con serenidad y determinación a la cruz que nos toca llevar. Si lo hacemos con la confianza puesta en el amor de nuestro Dios Padre, que nos cuida y protege por encima de todo, los frutos serán muy buenos y serán abundantes. Y ya nos dijo Jesús: “¡Por sus frutos los conoceréis!”
El problema está cuando nos impacientamos y queremos recoger esos frutos de forma inmediata, sin dejar que la plantita surja de la tierra, que se eleve del suelo y que acabe floreciendo.
Una vez aceptado que el papel del educador es el de sembrar y no el de recoger, mi trabajo se aligera, mi paciencia se multiplica y mi determinación se fortalece. Solo así podemos afrontar cada nuevo día nuestra tarea como un reto y no como una carga.
A pesar de eso, en ocasiones tengo incluso el inmenso privilegio de recibir alguna “cosecha”, que, por pequeña que sea, la acojo como un regalo enorme.
Siempre dije que me bastaba con saber que una sola frase, un detalle o una atención en mis clases, podía haber servido para iluminar la vida de alguno de mis alumnos para saberme recompensada por todo mi trabajo. Sin embargo, cada curso compruebo que ¡recibo de ellos muchísimo más que eso!
Mirar a los ojos de mis chicos, descubrir en ellos algo de lo que ni siquiera son aún conscientes, y pedirles que luchen, que saquen fuera lo mejor de sí mismos, que no se conformen con cualquier cosa porque han nacido para SER FELICES, ya que ése es el deseo de Dios, es para mí, vivir en una posición muy privilegiada. Mi vocación como profesora me regala esa posición.
Pero si, además, con el paso del tiempo, compruebo cómo alguno de los chicos que más quebraderos de cabeza dieron en su día, va madurando y aprendiendo a dar sentido a su vida… ¡Eso sí es para mí como el “sueldo” de todos estos años! ¡Eso sí es poder recoger los frutos, los frutos de mis chicos!… ¡Los frutos de tantos chicos que sólo necesitan que alguien vea en ellos su valía y confíe en sus capacidades!
Porque “todo árbol bueno, da frutos buenos”, el mundo está sediento de frutos buenos y ellos tienen mucho que dar al mundo.


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Ellos nos hacen más humanos

Recientemente leí con estupor la noticia de que ya es posible detectar a través de una simple muestra de sangre si un feto tiene Síndrome de Down. Afirman que la prueba, se realizaría en la décima semana de gestación (antes de concluir el primer trimestre de embarazo) y tiene un altísimo porcentaje de fiabilidad, un 98,6%.

Conocer esta noticia me impactó sobremanera porque puede que seamos nosotros quienes conozcamos a las últimas personas con síndrome de Down en el mundo. Si hasta ahora ya ha disminuido considerablemente el número de nacimientos de personas con síndrome de Down con los resultados de la amniocentesis, con una técnica costosa y de riesgo. ¡Esta nueva prueba podría constituir el fin del Síndrome de Down!

El Síndrome de Down es una anomalía ocasionada por la presencia de un cromosoma extra en el par 21 en las células del organismo. Esta anomalía origina alteraciones en el desarrollo y funcionamiento de diversos órganos de la persona que lo tiene, pero la intensidad con que se manifiestan estas alteraciones es altamente variable de una persona a otra.

La aplicación de buenos programas de salud ha conseguido aumentar la esperanza de vidade quienes tienen esta anomalía hasta, casi, los 60 años como media. Al mismo tiempo, se está demostrando que la esmerada atención psicoeducativa, que comienza desde el mismo instante del nacimiento, permite descubrir y desarrollar las múltiples capacidades que las personas con Síndrome de Down poseen en las distintas áreas de la actividad humana.

De este modo, en la actualidad son capaces de alcanzar la plena integración en todas las áreas de la vida: en la familia, la escuela ordinaria, el mundo del trabajo, el deporte, las artes y la vida social.

Las familias de personas con Síndrome de Down reconocen que ellos sólo les dieron un disgusto en su vida: cuando descubrieron su anomalía. Luego todo ha sido ternura, entusiasmo, pureza.

Se ha realizado recientemente un estudio en el que se asegura que el 99 % de los padres con niños Síndrome de Down afirman amar a su hijo con esa condición especial, los miembros de sus familias reconocen que son mejores personas gracias a su presencia entre ellos. Incluso, las personas con síndrome de Down respondieron al estudio que estaban felices con sus vidas y que se sentían agusto consigo mismos.
¿Cuántas personas, de las que nos consideramos « normales », podríamos hacer la misma afirmación?

Al hilo de la noticia, leí un artículo que escribía una madre cuyo hijo es síndrome de Down y en él asegura que Dios los pone en sus vidas para transformarlos en personas más tolerantes y menos egoístas, más espirituales y menos materialistas, más humildes y menos soberbias, más trabajadoras y menos cómodas, más enérgicas y menos conformistas. Es decir, ellos los hacen más humanos.

Por eso les dice a todas aquellas mujeres embarazadas que han recibido el diagnóstico que confirma que su bebé es síndrome de Down que van a ser las más orgullosas, que fueron seleccionadas para eso, que no le den la espalda a la posibilidad de ser una madre única, diferente, una mejor madre, la del corazón más grande. Que van a sentir por ellos un amor infinito. Su hijo será la prueba más valiosa de que Dios existe.

Nuestra sociedad está en una búsqueda desesperada por alcanzar al perfección y no nos damos cuenta de que para que el mundo sea realmente perfecto tiene que englobarnos a todos, incluidas también nuestras diferencias.
Podríamos definir, el síndrome de Down como una forma singular y determinada genéticamente, de ser y de estar en el mundo, de la que los que nos llamamos “normales” tenemos mucho que aprender, porque ellos tienen una manera diferente de ver la vida: sin agresión, sin egoísmos, sin maldad, una forma más elevada, más cercana al amor...

La persona con Síndrome de Down es un beneficio para todos porque aporta y promueve valores que hacen a la sociedad más digna de llamarse humana.
¡Su exclusión y, sobre todo, su eliminación es el fracaso de toda la humanidad!

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Yo he vencido al mundo


Durante la pasada Semana Santa hubo un intento de sacar por las calles de madrileño barrio de Lavapiés una “procesión atea” que tendría lugar, nada menos, el mismo jueves santo. Los organizadores tenían la declarada intención de faltarnos al respeto a los cristianos y atacar nuestras creencias de una forma tan vulgar como dañina. Reconozco que tengo que hacer un intenso ejercicio de autocontrol para no empezar a “echar sapos y culebras” por la boca cuando me entero de este tipo de ataques en los que, para colmo, ellos consideran que la prohibición de que se llevara a cabo ese espectáculo bochornoso implicó un retroceso en el derecho de manifestación de nuestro país. ¿Derechos? ¡Estoy tan cansada de escuchar la palabra “derechos”!, ¿para cuando se empezará a hablar de “responsabilidades”, de obligaciones?


Y para rizar aún más el rizo, encima nos acusan a los cristianos de organizar “agresivas actividades” durante la Semana Santa. ¿Se están refiriendo a las diversas procesiones y actos de piedad? Como dice un buen amigo mío, “para defender algo necesitamos conocerlo muy bien pero para atacarlo sólo ser un ignorante”.

Cada vez se me hace más difícil entender de dónde puede salir tanto odio, tanta obsesión contra nosotros, los cristianos.


Los profesores de religión conocemos de primera mano este tipo de posturas radicales contra el cristianismo, principalmente católico. Son demasiados los casos de profesores que sufren rechazos y ataques diarios.


Debo puntualizar que tengo que dar muchas gracias a Dios porque, en general, he tenido una muy buena acogida entre mis compañeros de trabajo pero también he experimentado en alguna ocasión cómo se nos falta al respeto y se nos discrimina por motivo de nuestras creencias mucho antes de habernos dado la oportunidad de conocernos.


Hace pocas semanas, una compañera se acercó a mí con mucha simpatía para presentarse, pero no me dio tiempo ni para despedirme de ella. En cuanto le dije que era la profesora de religión se borró la sonrisa de su cara, frunció el ceño y me dio la espalda.


Otros no quieren pedirme favores porque, literalmente, no quieren "mezclarse con curas ni monjas".


Y una, que es poco dada a enfrentarse a los conflictos, no sé si por sensatez o más por falta de valentía, se pregunta cómo debemos reaccionar y actuar los cristianos.


Jesús nos lo advirtió: "Ningún siervo es superior a su señor. Igual que me han perseguido a mí, os perseguirán a vosotros". Así que creo que el hecho de ser rechazados e incluso humillados, debe ser una muestra de que no estamos yendo por mal camino.


Soy de esas personas convencidas de que el tiempo va colocando cada cosa en su sitio, y de que es cuestión de paciencia ver cómo la Verdad se abre camino. Pero, sobre todo, tenemos que hacer un gran esfuerzo por intentar descubrir cómo mira Dios a esta gente que guarda tanto odio y actuar como Él lo haría, siempre siguiendo su consejo: "Sed astutos"

En esta tarea no debe faltarnos la confianza porque Jesús concluyó su aviso de persecuciones con una frase alentadora: "Animaos, yo he vencido al mundo"


El presidente de la Asociación de ateos y librepensadores de Madrid, que fue una de las asociaciones convocantes de esa esperpéntica “procesión atea” manifestó que consideran a los cristianos personas irracionales, que vivimos ajenos a la realidad.


Pues, ¿Qué queréis que os diga?


Sin lugar a dudas, prefiero vivir unas creencias que me hacen ver a Dios en el prójimo, que me llevan a admirarlo y respetarlo por encima de todo..., a tener unas ideas que cierran la puerta de golpe a todos los que no piensan como yo. Una mentalidad que conduce a actitudes primitivas y trasnochadas que se alejan totalmente de la auténtica construcción de la civilización del amor.




Escuchar audio: Yo he vencido al mundo

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"Calidad de Vida"


Se nos habla con frecuencia de la “calidad de vida”. El caso es que aún no tengo nada claro cuáles son los parámetros que determinan si una vida es de calidad. A la hora de dar un sentido a este término el relativismo a campado a sus anchas y cada persona decide lo que significa tener “calidad de vida”… o no, en realidad, creo que ni siquiera nos paramos a reflexionar sobre el alcance que damos a este concepto. Instalados en la comodidad de que me lo den todo hecho y de no tener que pensar por mí mismo, dejamos que nos inunden día a día con un lenguaje en el que preferimos no profundizar.


La Organización Mundial de la salud ha definido “calidad de vida” como "la percepción que un individuo tiene de su lugar en la existencia, en el contexto de la cultura y del sistema de valores en los que vive y en relación con sus expectativas, sus normas, sus inquietudes. Se trata de un concepto muy amplio que está influido de modo complejo por la salud física del sujeto, su estado psicológico, su nivel de independencia, sus relaciones sociales, así como su relación con los elementos esenciales de su entorno". Definición demasiado extensa que habría que analizar con calma porque implica cosas terribles ya que tanto la eutanasia como el suicidio asistido están siendo justificados por la supuesta pérdida de esta calidad de vida.


Hoy deseo compartir dos testimonios de personas que sufrido una grave enfermedad durante varios años antes de su muerte.


El primero es un extracto de una carta que escribió en 1995 Olga Bejano, una chica a la que a los 23 años comenzó a afectarle una rara enfermedad degenerativa que le fue paralizando todos los músculos hasta que falleció a finales de 2008, tenía ya 45 años.


“Soy una chica a la que la enfermedad le ha truncado la vida y quizá por eso la palabra vida me merece un gran respeto.


Hasta los veintitrés años pude realizar una vida normal: Pero en mayo de 1987 mi glotis se paralizó y tuve una parada cardiaca por asfixia; estuve por unos minutos clínicamente muerta, quedándome luego en coma. En ese momento, más de uno no apostaba por mí; pero yo, por llevar la contraria, salí del coma y seguí viva. Desde entonces vivo sin poder hablar ni comer.

Mi vida es, desde hace ocho largos años, malestar físico, obstáculos, limitaciones, problemas hospitalarios, familiares, burocráticos... En una palabra: sufrimiento. Pero este sufrimiento si uno llega, como yo, a entenderlo, es una lección constante que ayuda a madurar y a superarse.


Soy católica, siempre he creído en Dios, en la existencia del alma y en que cuando uno muere no termina ahí su vida, sino que sigue en otro lugar.


Todos tenemos un día marcado para nacer y otro para morir, y yo no soy quién para alterar el destino y mucho menos los planes de Dios.


Vivimos en una sociedad en la que priman el placer y lo material. Todos queremos gozar y ninguno sufrir; pero el sufrimiento y la muerte vienen incluidos en la vida, forman parte de ella. Soy partidaria de luchar, no de «huir». La eutanasia es una forma de huida y, por tanto, no deja de ser una cobardía. A mí no me parieron cobarde; por eso lucharé hasta el final. Respeto y entiendo a los que se dan por vencidos y no creen en nada; pero yo, cuando llegue al «otro lado», quiero tener la sensación de llevar mis deberes cumplidos. Si me practicasen la eutanasia, creo que, al llegar allí, tendría la sensación de no haber sabido llegar hasta el final, como si dejase en este mundo alguna asignatura pendiente. Para mí todo lo que te quita la paz interior no es bueno, y los médicos que han realizado eutanasias creen que hacen bien, pero confiesan sentirse mal. Todo anciano, minusválido o enfermo terminal tiene derecho a una atención digna, centros adecuados, ayudas familiares y económicas y grandes dosis de «cariñoterapia»; pero todo esto equivale a trabajo y a dinero, y es más fácil, cómodo y barato legalizar la eutanasia e, igual que hicieron los nazis, disfrazándola de ayuda y compasión, quitar a todos de en medio.


La mentalidad de que sólo lo biológicamente bueno vale la pena impide conocer grandes realidades humanas: Beethoven compuso sus maravillosos cuartetos hasta el último momento; Mozart siguió componiendo en el lecho de muerte su magnífico Requiem; Tiziano pintaba con casi noventa años, cuando apenas podía sujetar los pinceles. Los defensores de la eutanasia olvidan que cada vida es única e irrepetible y que cualquier vida tiene todo el valor posible. Si hubiese una vida sin importancia, ninguna sería importante”.


El segundo testimonio es de una enferma que murió habiendo estado más de cincuenta y cinco años paralizada en una silla de ruedas.


“Nosotros los enfermos, que tenemos fe en Jesucristo, sabemos que somos hijos predilectos de Dios por parecernos a Cristo en el sufrimiento. El Señor nos reveló en un acto supremo de amor la gran fecundidad del dolor. Para nosotros la enfermedad es la ofrenda diaria de nuestra vida, el don de nosotros mismos. Nos impulsa saber que al final tendremos el encuentro con Dios que nos acogerá con todo su amor”.


Precisamente son ellos, los enfermos, quienes mejor pueden enseñarnos el auténtico significado de “calidad de vida” y cómo nuestras vidas, desde el inicio hasta la muerte natural, tienen mucho que aportar al mundo.


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Hombre y mujer los creó

En las noticias aparecen día tras día casos de mujeres que han muerto a manos de sus parejas o ex parejas. Es una auténtica barbaridad que alguien considere que tiene en propiedad la vida de otro y decida acabar con ella. Pero todos los casos de violencia deben ser considerados igual de graves: cuando un hombre la ejerce hacia una mujer, cuando una mujer la ejerce hacia un hombre, cuando un adulto la ejerce hacia un bebé o cuando se ejerce hacia una persona enferma o anciana.

En las noticias utilizan un nombre para designar estos sucesos de mujeres asesinadas a manos de sus parejas: “violencia de género”. Cada vez que escucho ese término me revuelvo por lo que implica.


Sé que voy a entrar en el terreno de lo políticamente incorrecto pero creo que es bueno hablar, aunque sea brevemente, de en qué consiste la ideología de género para que podamos posicionarnos ante una ideología que va calando cada vez más en la sociedad y que, además, está considerada como algo positivo por parte de la opinión pública.


La ideología de género parte del presupuesto de que el sexo, masculino o femenino, en los seres humanos es algo accidental y éste no debe condicionar nuestro posterior desarrollo. Según esta ideología ser hombre o mujer no es un hecho natural sino que es cultural. Los ideólogos del género defienden que cada uno ha de “construirse” su propia sexualidad. Esta construcción es lo que denominan género. Y para liberar a los individuos de las ataduras impuestas por la naturaleza, la ciencia y el derecho pueden ayudar a cualquiera a definir el género que cada uno quiera para sí. La cirugía y las inyecciones hormonales pueden transformar a cualquiera en varón o mujer.


Y como nuestra naturaleza sexuada en la que creíamos ya no existe, podremos escoger lo que más nos apetezca. Por lo tanto ahora no hay dos sexos, sino que lo correcto será hablar de cinco géneros a elegir: masculino, femenino, homosexual, bisexual o transexual.


Como consecuencia del anterior postulado, hombres y mujeres somos iguales, idénticos. Hablar de diferencias entre ambos sexos se considera un escándalo porque las diferencias no surgen de la naturaleza distinta entre ambos sexos sino de una cuestión meramente cultural. Y aquí es donde se han hecho múltiples especulaciones acerca de cómo esa igualdad entre hombres y mujeres se ha perdido por culpa de las costumbres, las tradiciones y las culturas, por supuesto machistas, que han tenido a la mujer sometida al cuidado de la familia mientras el hombre marchaba a trabajar fuera de casa. De todo esto se ha culpabilizado a la tradición judeo cristiana, como si en otras culturas o religiones no hubiera habido injusticias hacia las mujeres a lo largo de la historia.


Con la ideología del género, lo que Marx denominaba “luchas de clases” se ha convertido en “lucha de sexos”, y ahora es el varón quien sale peor parado porque es considerado un estorbo que limita la libertad de la mujer, un torpe que no sabe trabajar en más de una cosa cada vez, un inconstante que cae fácilmente en la infidelidad. Con esta publicidad ¿qué mujer joven quiere ya comprometerse con un hombre de por vida?


De la ideología de género podríamos hablar durante horas, pero vistas las teorías anteriores con un poco calma y racionalidad podemos concluir que son un auténtico disparate.


Por naturaleza, desde el mismo instante de nuestra concepción ya está fijado nuestro sexo, masculino o femenino. Los cromosomas X e Y crean una naturaleza, una fisiología y un cuerpo de mujer o de varón. Esa es la herencia de la que partimos y que en la vida, la educación nos ayuda a plenificar. (es que tampoco se puede decir que la naturaleza nos determina completamente) Tengo un hijo y una hija y puedo comprobar claramente las diferencias entre ambos antes de que yo hubiera podido condicionarlos culturalmente.


Hombre y mujer somos distintos, ¡Claro que sí! Al contrario de lo que ahora se opina ¡Es una riqueza que seamos distintos! Hemos sido creados diferentes para podernos complementar. La supuesta igualdad entre hombre y mujer nos empobrece a todos. Igualdad sí, pero en Dignidad y derechos.


El Génesis lo explica muy bien: “Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó”.


Hombre y mujer, en unión, son imagen de Dios, no cada uno por separado.

Deseo señalar, por último, que debido a esta ideología de género la maternidad es considerada como una carga para la mujer, de ahí surge la defensa del aborto por el supuesto “derecho a elegir”.


Bajo mi experiencia como mujer y como madre, que seguro comparto con otras muchas mujeres, he de señalar que la maternidad es uno de los mayores dones que se nos ha otorgado, por naturaleza, a la mujer. Y que cuidar de la familia no debería estar considerado como una sumisión al esposo ni como una labor menos digna que el trabajo fuera del hogar. Al contrario, cuidar de la familia, del marido y de los hijos, es la tarea más hermosa que hay y, además, aquella con la que realmente podremos transformar el mundo.

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Atrapados en la red


A mi marido le gusta decir la frase “Quien tiene un amigo tiene un tesoro… y quien tiene 500… una cuenta de Facebook”
Para quienes no conozcan qué es eso del Facebook les diré que es una Red Social. La red social consiste un grupo de personas que están conectados por diferentes tipos de relaciones tales como amistad, parentesco, intereses y aficiones comunes y que contactan a través de Internet.
Cada vez hay mayor oferta de redes sociales, además del Facebook, existen otras como Twitter, Tuenti, Badoo, My Space… y así hasta más de una veintena.
Estas redes sociales se convierten en un sitio de creación y de encuentro para infinidad de comunidades que se van formando de manera virtual, y virtual significa “que tiene apariencia de realidad”… pero no es la realidad.
Son muchas las ventajas que ofrecen este tipo de encuentros en la red, podemos compartir con amigos que están al otro lado del mundo experiencias, informaciones, ideas, incluso podemos compartir fotos y videos con ellos. Gracias a esta nueva tecnología podemos sentir más cerca a las personas que están más lejos de nosotros.
Sin embargo, esta herramienta, este medio de comunicación puede llegar a ser algo francamente peligroso cuando pasa a ser un fin para la persona que lo usa.
Yo reconozco que tengo abierta una cuenta en dos redes sociales, las abrí con la única intención de mantener el contacto con mis alumnos y algunos amigos que viven en fuera de mi ciudad e incluso de mi país.
Sin lugar a dudas la que más utilizo es aquella que me sirve para comunicarme con mis chicos y chicas del instituto.
Y mi experiencia en estas redes es lo que ha motivado la reflexión de hoy.
Estoy comprobando la importancia que estas redes sociales van adquiriendo y me planteo porqué están proliferando de forma tan desorbitada.
He llegado a la conclusión de que el origen de su éxito está en el mismo que aquellos programas de “reality show” que tanto engancharon al público hace ya más de una década.
En esos programas gente anónima y sin méritos especiales nos vendían su vida a cambio de FAMA, su intención era la de ser conocidos y que se hablara de ellos por todos los rincones, ya fuera para bien o para mal.
Mucha gente quiso seguir los pasos de estos “pioneros” y han saltado a la fama sin grandes esfuerzos ni logros destacables, sólo gracias al morbo un público que cada vez pide más y más carnaza.
A pesar de las muchas personas que alcanzaron la meta de la fama fácil a través de estos programas, ese medio no puede abarcar a mucha otra gente que quiere tener su “medio minuto de fama” en la vida. Y aquí es donde entran en juego las redes sociales.
En ellas puedes poner tus datos personales, familiares, de amistades, vivencias y experiencias más íntimas y si no controlas el poder que esa gran ventana al mundo te otorga puede llegar a convertirse en un arma que va dirigida directamente contra ti.
Muchas personas que usan estas redes ansían tanto ser admiradas que no son capaces de ver que ciertas fotos que cuelgan con comentarios y poses tan provocativas van totalmente en contra de su dignidad y de su honor porque ellas mismas se están convirtiendo en un mero producto que se expone para lograr su venta. Sé que la mayoría, sobre todo, la gente más joven, no es consciente de este peligro y que sólo buscan que todos sus amigos de la red les adulen y les digan lo guapos o guapas que están y lo mucho que les quieren. Pero al final, el peligro que están corriendo vendiendo tanta intimidad, lo desconocen por completo.
En el fondo, todo esto es consecuencia de un sentimiento de vacío existencial. Cuando el sentido que damos a nuestras vidas no se fundamenta en algo profundo y perdurable, caemos en lo artificial, en lo meramente superficial. Y ahora, hemos caído tanto en ese materialismo que hasta nos hemos convertido a nosotros mismos y por voluntad propia, en meros productos de mercado.

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El alfarero

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