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UNA CLASE DIFERENTE

TEMPORADA 3  UNA CLASE DIFERENTE 1 (temp 3) Viajamos a Santo Toribio de Liébana con alumnos de 1º ESO, acaban de aterrizar en el I...

4 - QMEV - DOLOR



Atención, pregunta: ¿Se puede ser feliz en medio del dolor?
Ahora es cuando tu cabeza empieza a dar vueltas y se llena de confusión: felicidad y dolor ¿juntos?, ¿en la misma frase?
¿De qué me estás hablando hoy?
De acuerdo, empecemos por el principio
El ser humano tiene tres grandes niveles de necesidades en su vida y busca cubrirlos con más o menos empeño.
Tú como cualquier persona, tienes:
Necesidades primarias, son las que surgen de lo biológico, de tu naturaleza como ser vivo que eres. En muchos de los casos cubrirlas es imprescindible para sobrevivir, por ejemplo: comer, beber, descansar y un largo etcétera.
Cada vez que una de tus necesidades primarias queda cubierta sientes placer.
El placer es un sentimiento intenso pero bastante fugaz y efímero. Su duración es limitada.
Por el contrario, cuando no cubres tus necesidades primarias, lo que aparece es el dolor.
¡Perfecto!, ya sabes de dónde surge el dolor, de no cubrir tus necesidades primarias, ésas que son esenciales para sobrevivir.
El siguiente nivel de necesidades son las afectivas. Necesitas sentirte reconocido, querido, atendido, mimado. Necesitas sentir seguridad, compañerismo, solidaridad y empatía hacia ti. Necesitas sentirte acogido y respetado en tu persona, tal y como eres.
Si tienes la fortuna de cubrir este tipo de necesidades, te sentirás bien, sentirás alegría. La alegría es  un sentimiento mucho más duradero que el placer. Puede tener fecha de caducidad si ves amenazadas tus necesidades afectivas, pero sus posos son mucho más permanentes que los del placer a quien el viento se lo lleva tan rápido como vino.
Cuando tus necesidades afectivas no logran ser cubiertas, lo que aparece en tu interior es la tristeza.
La tristeza es como un nubarrón oscuro sobre tu corazón que va minando tus ánimos y tu energía se va apagando. 
Conoces bien lo que se siente cuando la tristeza se instala en tu interior.
Por último, tienes necesidades trascendentes. ¡Menuda palabra! ¿Qué significa trascendencia? 
Simplemente es “ir más allá”. Trascender es ir más allá de lo que puede captarse con los sentidos, es  ir más allá de las apariencias, es ir más allá de la superficie. Trascender es profundizar.
Probablemente, de los tres niveles de necesidad, sea en el que menos preparado y entrenado te sientes para cubrirlo.
Tus instintos son la herramienta que te lleva a buscar y encontrar cómo cubrir tus necesidades primarias de forma prácticamente inconsciente.
La vida en sociedad te facilita cubrir tus necesidades afectivas, te mueves en medio del mundo estableciendo una red de relaciones de distintos tipos y lo haces con mayor o menor acierto según las ocasiones pero de forma natural.
Pero, ¿qué pasa con las necesidades trascendentes?
Lo que pasa es que para cubrir estas necesidades debes ser un agente activo.
Sí tienes impreso en tu interior el deseo de entender la realidad que te rodea y también el anhelo de infinito, de encontrar algo que no se acabe, que no sea pasajero y efímero.
La pregunta que tienes que hacerte es la de si estás acallando ese anhelo porque cubrirlo supone un esfuerzo extraordinario, es decir, un esfuerzo más allá de lo que ordinariamente te sale hacer de manera natural.
Antes de seguir dando la espalda a estas necesidades trascendentes, a partir de ahora ten en cuenta algo importante y es lo que sucede cuando las cubres.
Si logras cubrir tus necesidades trascendentes lo que alcanzas es la felicidad. ¿Así de simple? Sí, así de simple. Pero sí, así de complejo, a la vez, porque lograrlo es complicado.
La felicidad tiene vocación de permanencia, no es fugaz como el placer, ni tiene fecha de caducidad como la alegría.
La felicidad es sentirte lleno, es decir, sentir que no te falta nada.
Por lo tanto ¿Qué sucede cuando estas necesidades trascendentes no quedan cubiertas?
Sucede que aparece lo contrario a la felicidad y eso es el vacío. El vacío es la sensación más fea y terrible que he experimentado en mi vida. El vacío es la nada. Y la nada es tan insoportable que puede llevarte a una huída de ella sin freno que te lleve incluso a terminar destruyéndote a ti mismo.
¿Cómo lograr cubrir tus necesidades trascendentes?
Reconozco que en eso, quienes creemos en un ser superior que nos ha creado a su imagen y semejanza y que nos ama por encima de todo, tenemos una gran ventaja. La creencia en Dios nos da respuesta a tus preguntas por el sentido de tu vida y justamente eso, es cubrir tus necesidades trascendentes.
Entonces, cuando hay dolor, ¿es posible ser feliz?
Sí, es posible, es posible si encuentras el sentido de ese dolor que estás viviendo, es decir, si sabes que ese dolor no es estéril, que está dando y dará frutos. Por tanto, cuando tu necesidad de trascendencia está cubierta.
No es fácil dar sentido al dolor, descubrir y reconocer sus frutos. Para eso es imprescindible hacer un proceso de duelo que lleva su tiempo y mucho trabajo interior. Sobre ese proceso será lo próximo de lo que te hablaré.
Hoy quédate con un ejemplo sobre cómo es posible ser feliz en medio del dolor: un parto. En mis partos fui feliz en medio del intenso dolor físico, no tiene ningún mérito, los frutos de un parto se conocen y se recogen en pocas horas. Por eso es sencillo ser feliz en medio de ese dolor.
¿Qué pasa cuando los frutos no se conocen bien e incluso se duda sobre si existirán?
Los cristianos también tenemos una gran ventaja en eso. Nuestra fe en Cristo, Dios que se hace hombre, que vive el dolor como hombre y que dio su vida por nosotros, es nuestra esperanza.
Esperanza de que no estamos solos ante esa batalla, ante ese dolor.
Esperanza de que el dolor y la muerte no tienen la última palabra, porque después de todo eso, viene la victoria de la resurrección.
Graba en tu corazón estas palabras que el mismo Jesús dijo antes de su pasión y tenlas presentes como bálsamo que dota de esperanza y de fortaleza en medio de la lucha
“Ánimo, yo he vencido al mundo”

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3 - QMEV - MIRAR



Alza tu rostro y abre los ojos, mira.
Mira a un lado y mira al otro lado, mira hacia arriba, mira hacia abajo, mira.
Mira, mira de frente, mira a tu alrededor mira y, párate, contempla en eso que más llame tu atención. ¡Mira!
Mira y contempla. Quédate con esa instantánea que hoy se te regala y penetra en ella, indaga, hazte dueño de eso, aunque sólo sea durante unos segundos.

Saber mirar es saber amar, esta es la frase más repetida en la película Canción de Cuna.

Entonces, ¿Cómo amar la vida?
Empezar es más sencillo de lo que parece: Mira. Aprende a mirar. Mejor dicho, re-aprende a mirar. Vuelve a mirar todo con ojos nuevos, con ojos de niño.
Los niños no tienen la mirada contaminada, no está condicionada con ninguna idea preconcebida y por eso pueden captar la realidad de una forma más fresca, más amplia.

Vives a contrarreloj, vas corriendo a todas partes y te sientes de vuelta de tantas cosas, los fracasos y las decepciones que has vivido no ayudan y has acabado anestesiando tu capacidad de observación y de admiración.
Déjate sorprender, como un niño cuando ve por primera vez fuegos artificiales.
La belleza está esperando. Llena tus sentidos del color, de las formas, de la esencia de las cosas. Hay destellos de vida por todos lados. Todo está lleno de arte. Sólo tienes que buscarlo. “Quien busca, encuentra” (Mt.)

En la película de El club de los poetas muertos, el profesor les dice a sus alumnos “Debemos mirar las cosas constantemente de un modo diferente”. Después se sube a su mesa y les ordena a todos que hagan lo mismo, que se suban a la mesa y que empiecen a mirar, mirar lo que siempre ven pero ahora lo hacen desde un nuevo ángulo.

No mires las cosas siempre desde el mismo sitio, muévete, agáchate, levántate, gírate, camina de lado, da pequeños saltitos, date la vuelta. Busca nuevas perspectivas para que tu mirada amplíe su campo de visión. Sal de esas estructuras herméticas que te impiden mirar la realidad en toda su extensión.
Estás acomodado en un armazón que te has ido creando sin darte cuenta a lo largo de los años, te tiene anquilosado sin darte cuenta y te impide crecer, no deja expandirse a tu auténtico “yo”, a tu ser, aquel que fue pensado por Dios antes de formarte en el vientre de tu madre. (Jer)

Ya has mirado fuera, ahora mira hacia dentro. Mira a tu interior, mira a ese ser tan amado por Dios.
¿Prefieres no sentir? ¿Eliges no saber? ¿Te asusta lo que puedes encontrar? ¿Te incomoda encontrarte con tus limitaciones, tus carencias?

No tengas miedo. Míralas de frente y hazlo también con ojos nuevos.

Siempre has sabido que esas limitaciones estaban ahí, quizá hasta has luchado con todas tus fuerzas por hacerlas desaparecer y todavía no lo has conseguido.
No necesitas eliminarlas. Si lo hicieras correrías el riesgo arrasar con partes fundamentales de tu esencia, de eso que te hace único e irrepetible. No te mutiles. Piensa en cómo gestionar esas limitaciones, cómo reconducirlas.

En cada limitación hay escondido un don. San Pablo escribe en su segunda carta a los Corintios: Mi fuerza se realiza en tus debilidades. ¡Qué paradoja!, Dios manifiesta su Gracia, su grandeza en nuestras limitaciones. ¡Dios se hace fuerte en tu debilidad!
No tienes ni idea de lo que Dios es capaz de obrar en ti.
¿Tienes obstinación y testarudez?
¿Tienes timidez?
¿Tienes excesiva espontaneidad?
¿Tienes vanidad?
¿Tienes inseguridad?
¿Tienes orgullo y envidia?
¿Te sientes inferior?
¿Te sientes superior?...
Mira tu limitación desde nuevas perspectivas y ¡Recondúcela!
Tienes un don escondido en cada limitación. ¡Suéltalo! No tengas miedo. Saca fuera ese fuera transformado.
Sé manso como paloma pero astuto como serpiente, sé audaz, ¿Por qué vas a ahogar u don? A algunos les podrá llegar a abrumar tanto que te lleguen a exigir que lo sigas escondiendo, pero no permitas que eso te condicione.
Sé libre, ¡¡Suéltalo!! Sobrepasa los límites, que el temor no te haga dar marcha atrás con tu don... ¡el don de Dios!
Aprende a gestionar, a amar con amor de entrega, amor de servicio, amor de ágape, pero manteniendo la tinaja siempre llena de agua, acudiendo una y otra vez al manantial de Agua Viva, ése que nunca se acaba.
Has mirado fuera, has mirado dentro, has soltado tus dones, te has liberado. Es el momento perfecto para mirar a los demás, como a ti mismo.
Recuerda siempre: Como a ti mismo. (Jn.)

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2- QMEV - EL SILENCIO



Adivina adivinanza: Si pronuncias mi nombre, desaparezco… EL SILENCIO

Si has visto la película La vida es Bella, ya la habrías oído.



Resulta irónico hablar de aquello que no existe si hablas: El silencio



Puedes experimentar  muchos tipos de silencios. ¿Cuántas veces no te sientes indefenso ante alguno de ellos?

Existen  silencios propios, silencios de otros e incluso silencios del mismo Dios.

La inseguridad que te provoca esos silencios hace que la inquietud se adueñe de ti y que te afanes en salir de ese silencio con premura e impaciencia, lo más pronto posible.

¡Cambiemos la perspectiva!

Deja de enfrentarte al silencio con ese pánico al vacío y a la soledad que te invita a huir cuanto antes.

Aprovecha la ocasión para poner freno en tu vida, y poder pararte a pensar.

Se trata de Saber Esperar.  Es una ocasión, aunque muy dura, preciosa. Preciosa para dejar de permitir que la vida se escape de ti como el agua entre los dedos, preciosa para crecer y madurar, preciosa para aumentar la fortaleza interior durante la espera de respuestas, preciosa para conocerte, darte tiempo para descubrir tus capacidades aún no desarrolladas y, también, para ejercitar la confianza. Confianza en que Él ha vencido al mundo, confianza en que hace nuevas todas las cosas.

El agua revuelta no deja ver el fondo, dale tiempo al tiempo para que se asienten los posos



 “Subió a la montaña a orar” Son muchas las ocasiones en las que el evangelio nos relata cómo Jesús se retira buscando el silencio. Siempre que tiene que tomar decisiones importantes, como la de elegir a sus apóstoles, antes del sermón de la montaña, antes de su pasión, se aparta para orar en el silencio y desde el silencio encontrar la voluntad del Padre.

No dan detalles de esos momentos de silencio y oración, debían de ser muy íntimos. Tanto que nada más se dice de ellos, sólo cuentan que son una constante en la vida de Jesús.



Vives en mundo lleno de ruidos, ruidos que tapan el miedo a la soledad o el miedo a los “sinsentidos” aparentes de los acontecimientos.

Ruidos que inundan el camino hacia la búsqueda del tener, del poder, de la fama, del éxito.



Ni el ambiente ni el miedo a la soledad favorecen la búsqueda de espacios de silencio.

En una sociedad que vive de forma trepidante, acelerada, con un activismo desbordante, no existen los momentos adecuados para hacer silencio, encontrarte contigo mismo y con la realidad  y pararte a pensar en todo ello.



Vives en un mundo lleno de ruidos externos y también de ruidos internos, tu mente y tu alma están llenos de ruido. Demasiadas expectativas sociales se han adherido a ti como si fueras tú mismo, pero no es verdad, tú no eres lo que otros desean que seas. No eres feliz si consumes sin medida, ni tampoco si tu vanidad inunda las redes y te conviertes en el más popular, no eres feliz ganando más dinero a costa de lo que sea, ni eres feliz bebiendo más o siendo el más mirado en la pista de baile, no eres feliz siendo quien no eres. Porque todo lo demás, es efímero, pasajero.



Éste es un momento perfecto, ¿por qué no?, para hacer un poco de silencio.

Apártate de los ruidos que hay fuera y párate. Siente, sólo siente

Shhhhhhh… pon silencio en a los ruidos que están inundando tu corazón.

Cierra los ojos.

Siente el aroma del aire que te rodea, quizá ése de las castañas que has asado esta tarde, quizá de una vela perfumada o el ambientador de tu casa, quizá el aroma de tu colonia preferida o simplemente el de las sábanas recién lavadas.

¡Huélelo! ¡Siéntelo!

Siente cómo palpita la vida dentro de ti, cómo late tu corazón y cómo fluye la sangre  y llega hasta las yemas de tus dedos.

Siente cómo tu cuerpo va eliminando la tensión a la que hoy ha sido sometido. Siente cómo cada músculo se va relajando desde el centro hasta las extremidades. Una agradable sensación de calidez empieza a expandirse desde fuera y llega a lo más profundo de ti.

Siente como tu ser entra en equilibrio y armonía. Déjate mecer.

No hay nada más en este instante, no hay pasado, no hay futuro, sólo tu existencia que se hace la dueña de este momento.

Ya está, lo has logrado, estás en silencio, estás en armonía.

Quédate ahí el tiempo que necesites, no hay prisa, el reloj sigue avanzando pero ¿qué importa?

Tú eres mucho más valioso que ese tic tac.

Ahora estás preparado para sentir cómo Dios te envuelve en su abrazo de Padre que te mira con amor profundo.

Probablemente no sabes nada, ninguna duda se ha resuelto, ninguna respuesta se ha dado, ningún camino ha quedado señalado.

Pero ahora una dulce sonrisa brota en tu rostro.

Está bien. Está bien así. CONFÍA

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1- QMEV NO TENGAIS MIEDO


NO TENGAIS MIEDO

Empiezo la nueva sección con la frase con la que comenzó Juan Pablo II su pontificado, la frase que aparece más de 350 veces en la Biblia:

¡NO TENGAIS MIEDO!

Pero, ¿Miedo? ¿Miedo a qué?
¡Cargamos con tantos miedos cada día!
¿Cuáles son tus miedos?
Quizá todos se resumen en uno: miedo a VIVIR
¡Qué paradoja! Nos desgastamos día a día protegiendo nuestra vida, y sin embargo por proteger esa vida la estamos perdiendo.

Quien pierda su vida, la salvará (Mc. 8,35)

¡Vamos allá!
Que el miedo no te paralice, que el miedo no te impida lanzarte a la vida.

Analicemos los miedos.
Tenemos miedo a lo de fuera y a lo de dentro.
Miedo a lo exterior y miedo a nuestro interior.
Miedo a las circunstancias, a las personas, a los acontecimientos y a sus consecuencias, y miedo a nuestra esencia, a nuestra naturaleza, miedo a nosotros mismos.

Empecemos por el miedo a lo de fuera
¿Qué sabemos? ¿Qué es lo bueno y qué es lo malo de lo que nos sucede?
Si haces un poco de memoria podrás darte cuenta de que las preocupaciones que te atenazaban de pequeño, ésas que eran el centro de tu mundo se desvanecieron y perdieron importancia porque el tiempo da una perspectiva que mitiga lo que en realidad es solo aparentemente definitivo en el presente. Al final, nuestro miedo presente, ante una perspectiva amplia, se acaba convirtiendo en un grano de arena en un inmenso desierto.

No tengas miedo a equivocarte. Porque, al fin y al cabo, nuevamente me pregunto, te pregunto, ¿Qué sabemos?
Equivocarse es realmente útil. Equivocarse es una buena forma de aprender, se aprende más de las equivocaciones que de los éxitos. Si nunca te hubieras equivocado, jamás habrías llegado al sitio en el que ahora estás. Justo en este instante estás donde debes estar.
En Dios, todo está en su sitio. ¡NO TENGAS MIEDO!

Recemos como San Francisco:
“Señor, dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
valor para cambiar las cosas que puedo cambiar
y sabiduría para poder diferenciarlas”

Ahora adentrémonos en la interioridad, miedo a lo de dentro, miedo a ti mismo.
Tengo grabado en mi ser aquellos días de otoño del 96 cuando unos ejercicios espirituales me pusieron frente a mí sin remedio, sin escusas, sin poder escaquearme un segundo más.
El miedo me paralizaba y sólo sabía llorar, llorar ante el Sagrario, un Sagrario silencioso, un Sagrario que no daba señales, un Sagrario ante el que estaba porque, no sabía dónde más podría estar si no.
Lloré, lloré desconsoladamente, lloré sin saber bien porqué lloraba, y seguí llorando. Días y días. ¿Por qué lloraba así? Por miedo, ¡pánico!
Me aterraba mirar hacia dentro, hacia mi interioridad. ¡Uf, qué vértigo!
Tantos complejos, tantos defectos, tantas limitaciones, ¡tanto de tanto y de todo lo peor!
Ese miedo logra su objetivo si no lo afrontas: que nunca te conozcas. Pero resulta que si no te conoces, andarás perdido toda tu vida. Vagando por quién sabe qué senderos tortuosos.
El último día de mis ejercicios llegaron a mis oídos las notas de una canción: NADIE TE AMA COMO YO, MIRA LA CRUZ, FUE POR TI, FUE PORQUE TE AMO. ¡Todo se transformó de repente!
Que Dios ama lo que eres tal y como eres, con todo lo que sale de tu cuerpo, de tus sentimientos, pensamientos, sueños, anhelos y recuerdos. Que Dios te abraza en tu realidad. Quien mejor te conoce, TE AMA. ¡ÁMATE!

¿Cuál es el mandamiento de Jesucristo? Ama al prójimo, COMO A TI MISMO
¿Por qué te desgastas creyendo que amas al prójimo cuando aún no has aprendido a amarte a ti mismo?
Y ¿Por qué no te amas si Dios te ama?
Despídete ya del ese ser ideal que te gustaría encarnar, deja de querer al que imaginas que puedes llegar a ser. Ya que de ahí surge uno de los mayores dolores del mundo: pretender ser o tener algo distinto de lo que somos o tenemos. Esas fantasías perpetúan tu guerra interior contra lo que no te gusta de ti mismo y que tratas de destruir.
Ama tu imperfección, ¿quién sabe si la auténtica perfección es justamente lo imperfecto que eres?
Mira de frente esa imperfección, no te alejes de ella, toma conciencia de su existencia y aprovéchala al servicio de la vida. ¡Dale la vuelta a la tortilla!
Dios te ama ahora, en tu realidad presente, en tu ahora. ¿A qué esperas para amarte tú?
Asúmete, acéptate, ámate. Sé responsable de lo que vives y experimentas en cada momento, hazle un espacio, obsérvalo y vívelo con benevolencia, por difícil que sea, y sácale partido.
El libro La libertad interior, de Jaques Philippe concluye con un texto perfecto:
“No tengas miedo de ti mismo, no tengas miedo de lo que eres. Tu realidad es la realidad que afronta cualquier ser humano en la que Dios planta su tienda para habitar en ti.
Emmanuel: Dios con nosotros, Dios contigo, Dios con tu realidad, ábrete a tu realidad. VUELA.
Dios está contigo, no como espectador sino como alguien que te AMA, que se une a ti, que se ofrece para salvarte, para quedarse siempre contigo, amándote, amándote siempre, ¡VUELA!”

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