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UNA CLASE DIFERENTE

TEMPORADA 2 UNA CLASE DIFERENTE 21(temp 2) Nos acompaña Rebeca Díez Gutiérrez, compañera, profesora de religión de Educación Infanti...

12 QMEV AUTO-ACEPTACIÓN

“Dichoso si te encuentras en paz contigo mismo. Feliz si has dejado de pelear contra ti mismo, contra algunas partes internas o algunos “yoes” inoportunos, que se te presentaban en ocasiones como huéspedes molestos, de improviso y sin invitación, irrumpiendo sin contemplaciones en tus escenarios de vida, en forma de celos, envidias, rencores, quejas, gritos, violencias, etc.
 

Bienaventurado pues si ya no necesitas rechazar a ninguno de tus aspectos internos, nada de lo que te constituye, ni siquiera lo que sientes como molesto, inadecuado, desagradable o lo que resulta difícil de soportar en algún momento. Has trabajado en ti mismo y te has afanado en comprender y has integrado lo aparentemente rechazable. Lo que parecía oscuro y plomizo lo hiciste refulgir como aprovechable y dorado. Te sometiste al reto de la alquimia interior y fuiste transformado: lo aparentemente negativo se convirtió en recursos para la gracia de tu aceptación personal. A amar lo que eres tal y como eres a cada momento”.

Este fragmento del libro “Vivir en el alma” de Joan Garriga Bacardí te explica uno clave en el proceso de aceptación: la aceptación de ti mismo.

Previamente describe cómo a lo largo de tu vida te has ido construyendo una cierta identidad, un traje adecuado para abrirte camino y tener un lugar, porque aprendiste que era mejor ser de una determinada manera, ponerle una cierta cara a la vida para sentirte más seguro y más querido siendo como “otros” son o como quieren que seas.

Has ido aprendiendo a “mutilarte”, a eliminar esas partes que consideras molestas o inoportunas de ti. Has ejercido sobre ti una fuerza devastadora con la mejor de las intenciones que es la de alcanzar la perfección de tu ser.

Estás exhausto de tanto luchar contra ti y tu “yo” se empeña en seguir empujando.
Te has reprimido tanto que no lo soportas más y caes en “fugas” que compensen esas reducciones de tu ser que se queja sin piedad. Y esas fugas te han llevado a lugares mucho peores y te están convirtiendo en quien no has sido ni eres ni serás porque no fuiste creado para eso.

Luchas severamente contra ti cada día porque anhelas la perfección “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” has escuchado que nos dijo Jesucristo.
Te piden ser santo pero se te antoja inalcanzable para ti. Una vida entera no te llega para terminar con todo eso que hay de “malo” en ti.

¿Dónde está el problema de todo esto?

En que hemos entendido bastante mal el concepto de santidad y de perfección.
De hecho, cuando piensas en algún santo piensas en persona tan excesivamente buena que era hasta aburrida, o excéntrica o imposible de imitar.
¿Tienes que imitar? No, claro que no. No pretendas ser algo distinto de lo que eres.
Dios te ha creado como eres, no te quiere diferente, ni deforme, ni mutilado, te quiere a ti, sin caretas, sin excusas, sin disimulos ni disfraces.
Por lo tanto, la santidad, la perfección, será llegar a ser tal y como Dios te pensó al crearte. Algunos llaman a eso alcanzar tu “ser superior”.

Y para llegar a ese punto necesitas desaprender la identidad que te has ido construyendo para sentirte más seguro y querido y empezar a tomar posesión de ti mismo.


¿Qué quién eres tú? Volvamos al inicio de toda esta sección: No tengas miedo. Mírate y ámate. Con tus “yoes” oportunos e inoportunos.
Porque ¿quién sabe en qué momento tus partes molestas serán las que te permitan navegar en determinadas circunstancias que ahora son impredecibles?

Sé flexible, decía San Juan XXIII “Me doblaré pero no me partiré”, ¡pues eso!
Reinvéntate cada día. Sé creativo, sorprendente, siempre nuevo y ajustándote a lo que requiere cada momento.

Fluye, igual que hace el agua:
 
1.     Adáptate a cualquier forma o circunstancia
2.     Sé transparente
3.     Los cambios son parte del ciclo, no los temas.
4. No te quedes estancado, mantente en movimiento.
5.     Ten la cabeza fría pero el corazón caliente.
6.  Y sobre todo, ¡diviértete! Porque vivir es la mejor de las aventuras.


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11 QMEV VIVIFICARSE



No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se ponga y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma,

Aún hay vida en tus sueños



Porque cada día es un comienzo nuevo,

Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.



Extracto de un poema de Mario Benedetti





¿Hoy me ha dado por la poesía? Un poco sí, principalmente porque la poesía es belleza y hoy necesitas degustar la belleza.



Con el desprendimiento aparecen los vacíos, vacíos que dejan todo aquello que has ido soltando, te desgastaba mucho, pero también cubría huecos. Esa sensación de vacío es muy peligrosa. Es necesario que desaparezca cuanto antes porque si no lo hace, caerás en el absurdo y te crearás nuevas necesidades que no te permitan ser libre y te acaben minandode nuevo.



Puf! Exclamas. Sí, PUFFFFFF, un “puf” enorme porque te preguntas ¿Para cuándo el final de todo esto?

Recuerda la poesía con la que hemos empezado: No te rindas, por favor, no cedas… Cada día es un nuevo comienzo. No estás solo.



Date un homenaje. ¡Claro! A estas alturas te lo tienes más que merecido. Aunque sea sencillo pero exprímelo al máximo.

Date tu momento de sanación.

Llena ese hueco que ha ido dejando al descubierto el desprendimiento con cosas que te vivifiquen, que te esponjen para salir del apelmazamiento y la rigidez en la que estás metido. Tu cuerpo y tu alma necesitan un buen masaje, necesitas alimentar la batería que se ha ido descargando tanto en las últimas etapas.



Re aprende a disfrutar de las pequeñas cosas. ¿Por qué “re aprender”? 

Porque cuando eras niño, lo hacías, ¿recuerdas?

¡Eras feliz con tan poco! ¡Te entusiasmaban tantas pequeñas cosas!



La inercia de cada día ha hecho que te olvides de contemplar esas cositas que están ahí, entre la rutina del día a día. Y por ser rutinarias, ya no las valoras, ni siquiera las aprecias.

¿Que no hay pequeñas cosas de ésas a tu alrededor?

¡Por supuesto que sí! Siempre las hay. Que tu orgullo no te impida ver la bellezani sentir que es un signo de la presencia de Dios en tu vida.

Un rayito de luz que se cuela por algún sitio insospechado y da un toque de color diferente a tu dormitorio o a tu mesa de trabajo.

La liturgia de tu despertar, desayuno incluido.

La sonrisa de esa persona con la que siempre te tropiezas por las mañanas y casi ni miras al pasar.

El brillo que nace en los ojos de aquellos a quienes les regalas un saludo inesperado y cordial.

La maravillosa estampa que ha dejado la nieve a su paso por nuestros pueblos y ciudades.

Una planta que empieza a echar brotes tras el duro frío.

La risa de un niño, ¡nada hay más cristalino y puro en este mundo!

Una frase de aliento.

Un mensaje de atención, de cariño, de gratitud.

Acompañar al que llora… y al que ríe.

La suavidad de una tela o del musgo en el campo.

Poner tu mano en un arroyuelo, sentir el frío y la caricia del agua que sigue su curso.

El cielo naranja del amanecer o el rosa del anochecer.

Las formas que hacen las nubes que trae y lleva el viento.

Una música, una canción, un olor, un sabor… ¡chocolate!



Y tantas cosas más que sería imposible hacer una lista completa. Exprime la vida, no dejes que la mediocridad se instale ni un momento más.



En todo este camino también es fundamental para ti la compañía.

Una buena compañía será aquella que te diga la verdad, pero que no te juzgue, que te ayude a fluir y no deje que te enquistes en rencores o sinsabores.

Que esté cuando más lo necesites, pero ¡cuidado! No debes tratarle como si tuviera a tu disposición 24 horas, como si se tratara de una farmacia de guardia. Esa persona tiene su propia vida, sus propias cargas y responsabilidades, así que no sientas como una ofensa personal si algún momento no puede atenderte de forma inmediata.

Tendrás que aprender a gestionar tus tiempos y respetar los tiempos de quien te acompaña. Aprender a afrontar en soledad momentos de intenso dolor, o de tristeza. El propio Jesucristo tuvo que hacerlo, vivió en soledad su desierto y también sus horas en de angustia en el Huerto de los Olivos.

Pero una vez que tienes claros estos términos, la compañía va a ser esencial en muchos momentos de tu proceso.



Las penas compartidas se reducen a la mitad y las alegrías compartidas se duplican.

Hemos sido creados para vivir en relación, para crecer en relación, para llegar a Dios en relación.

Las penas compartidas se reducen a la mitad y las alegrías compartidas se duplican.

Hemos sido creados para vivir en relación, para crecer en relación y para llegar a Dios en relación.



Hay una frase de la película La última Cima que me entusiasma:

“Desde que Dios se ha hecho hombre, todo lo humano habla de Dios”.



Vive cada encuentro con el otro como un encuentro con el mismo Dios. Podrás descubrir tantas nuevas cosas de Dios que se reflejan en las personas que te admirarás de la grandeza de Dios a través de la humanidad y llegarás a amarla.




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