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UNA CLASE DIFERENTE

TEMPORADA 2 UNA CLASE DIFERENTE 21(temp 2) Nos acompaña Rebeca Díez Gutiérrez, compañera, profesora de religión de Educación Infanti...

4 - QMEV - DOLOR



Atención, pregunta: ¿Se puede ser feliz en medio del dolor?
Ahora es cuando tu cabeza empieza a dar vueltas y se llena de confusión: felicidad y dolor ¿juntos?, ¿en la misma frase?
¿De qué me estás hablando hoy?
De acuerdo, empecemos por el principio
El ser humano tiene tres grandes niveles de necesidades en su vida y busca cubrirlos con más o menos empeño.
Tú como cualquier persona, tienes:
Necesidades primarias, son las que surgen de lo biológico, de tu naturaleza como ser vivo que eres. En muchos de los casos cubrirlas es imprescindible para sobrevivir, por ejemplo: comer, beber, descansar y un largo etcétera.
Cada vez que una de tus necesidades primarias queda cubierta sientes placer.
El placer es un sentimiento intenso pero bastante fugaz y efímero. Su duración es limitada.
Por el contrario, cuando no cubres tus necesidades primarias, lo que aparece es el dolor.
¡Perfecto!, ya sabes de dónde surge el dolor, de no cubrir tus necesidades primarias, ésas que son esenciales para sobrevivir.
El siguiente nivel de necesidades son las afectivas. Necesitas sentirte reconocido, querido, atendido, mimado. Necesitas sentir seguridad, compañerismo, solidaridad y empatía hacia ti. Necesitas sentirte acogido y respetado en tu persona, tal y como eres.
Si tienes la fortuna de cubrir este tipo de necesidades, te sentirás bien, sentirás alegría. La alegría es  un sentimiento mucho más duradero que el placer. Puede tener fecha de caducidad si ves amenazadas tus necesidades afectivas, pero sus posos son mucho más permanentes que los del placer a quien el viento se lo lleva tan rápido como vino.
Cuando tus necesidades afectivas no logran ser cubiertas, lo que aparece en tu interior es la tristeza.
La tristeza es como un nubarrón oscuro sobre tu corazón que va minando tus ánimos y tu energía se va apagando. 
Conoces bien lo que se siente cuando la tristeza se instala en tu interior.
Por último, tienes necesidades trascendentes. ¡Menuda palabra! ¿Qué significa trascendencia? 
Simplemente es “ir más allá”. Trascender es ir más allá de lo que puede captarse con los sentidos, es  ir más allá de las apariencias, es ir más allá de la superficie. Trascender es profundizar.
Probablemente, de los tres niveles de necesidad, sea en el que menos preparado y entrenado te sientes para cubrirlo.
Tus instintos son la herramienta que te lleva a buscar y encontrar cómo cubrir tus necesidades primarias de forma prácticamente inconsciente.
La vida en sociedad te facilita cubrir tus necesidades afectivas, te mueves en medio del mundo estableciendo una red de relaciones de distintos tipos y lo haces con mayor o menor acierto según las ocasiones pero de forma natural.
Pero, ¿qué pasa con las necesidades trascendentes?
Lo que pasa es que para cubrir estas necesidades debes ser un agente activo.
Sí tienes impreso en tu interior el deseo de entender la realidad que te rodea y también el anhelo de infinito, de encontrar algo que no se acabe, que no sea pasajero y efímero.
La pregunta que tienes que hacerte es la de si estás acallando ese anhelo porque cubrirlo supone un esfuerzo extraordinario, es decir, un esfuerzo más allá de lo que ordinariamente te sale hacer de manera natural.
Antes de seguir dando la espalda a estas necesidades trascendentes, a partir de ahora ten en cuenta algo importante y es lo que sucede cuando las cubres.
Si logras cubrir tus necesidades trascendentes lo que alcanzas es la felicidad. ¿Así de simple? Sí, así de simple. Pero sí, así de complejo, a la vez, porque lograrlo es complicado.
La felicidad tiene vocación de permanencia, no es fugaz como el placer, ni tiene fecha de caducidad como la alegría.
La felicidad es sentirte lleno, es decir, sentir que no te falta nada.
Por lo tanto ¿Qué sucede cuando estas necesidades trascendentes no quedan cubiertas?
Sucede que aparece lo contrario a la felicidad y eso es el vacío. El vacío es la sensación más fea y terrible que he experimentado en mi vida. El vacío es la nada. Y la nada es tan insoportable que puede llevarte a una huída de ella sin freno que te lleve incluso a terminar destruyéndote a ti mismo.
¿Cómo lograr cubrir tus necesidades trascendentes?
Reconozco que en eso, quienes creemos en un ser superior que nos ha creado a su imagen y semejanza y que nos ama por encima de todo, tenemos una gran ventaja. La creencia en Dios nos da respuesta a tus preguntas por el sentido de tu vida y justamente eso, es cubrir tus necesidades trascendentes.
Entonces, cuando hay dolor, ¿es posible ser feliz?
Sí, es posible, es posible si encuentras el sentido de ese dolor que estás viviendo, es decir, si sabes que ese dolor no es estéril, que está dando y dará frutos. Por tanto, cuando tu necesidad de trascendencia está cubierta.
No es fácil dar sentido al dolor, descubrir y reconocer sus frutos. Para eso es imprescindible hacer un proceso de duelo que lleva su tiempo y mucho trabajo interior. Sobre ese proceso será lo próximo de lo que te hablaré.
Hoy quédate con un ejemplo sobre cómo es posible ser feliz en medio del dolor: un parto. En mis partos fui feliz en medio del intenso dolor físico, no tiene ningún mérito, los frutos de un parto se conocen y se recogen en pocas horas. Por eso es sencillo ser feliz en medio de ese dolor.
¿Qué pasa cuando los frutos no se conocen bien e incluso se duda sobre si existirán?
Los cristianos también tenemos una gran ventaja en eso. Nuestra fe en Cristo, Dios que se hace hombre, que vive el dolor como hombre y que dio su vida por nosotros, es nuestra esperanza.
Esperanza de que no estamos solos ante esa batalla, ante ese dolor.
Esperanza de que el dolor y la muerte no tienen la última palabra, porque después de todo eso, viene la victoria de la resurrección.
Graba en tu corazón estas palabras que el mismo Jesús dijo antes de su pasión y tenlas presentes como bálsamo que dota de esperanza y de fortaleza en medio de la lucha
“Ánimo, yo he vencido al mundo”

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3 - QMEV - MIRAR



Alza tu rostro y abre los ojos, mira.
Mira a un lado y mira al otro lado, mira hacia arriba, mira hacia abajo, mira.
Mira, mira de frente, mira a tu alrededor mira y, párate, contempla en eso que más llame tu atención. ¡Mira!
Mira y contempla. Quédate con esa instantánea que hoy se te regala y penetra en ella, indaga, hazte dueño de eso, aunque sólo sea durante unos segundos.

Saber mirar es saber amar, esta es la frase más repetida en la película Canción de Cuna.

Entonces, ¿Cómo amar la vida?
Empezar es más sencillo de lo que parece: Mira. Aprende a mirar. Mejor dicho, re-aprende a mirar. Vuelve a mirar todo con ojos nuevos, con ojos de niño.
Los niños no tienen la mirada contaminada, no está condicionada con ninguna idea preconcebida y por eso pueden captar la realidad de una forma más fresca, más amplia.

Vives a contrarreloj, vas corriendo a todas partes y te sientes de vuelta de tantas cosas, los fracasos y las decepciones que has vivido no ayudan y has acabado anestesiando tu capacidad de observación y de admiración.
Déjate sorprender, como un niño cuando ve por primera vez fuegos artificiales.
La belleza está esperando. Llena tus sentidos del color, de las formas, de la esencia de las cosas. Hay destellos de vida por todos lados. Todo está lleno de arte. Sólo tienes que buscarlo. “Quien busca, encuentra” (Mt.)

En la película de El club de los poetas muertos, el profesor les dice a sus alumnos “Debemos mirar las cosas constantemente de un modo diferente”. Después se sube a su mesa y les ordena a todos que hagan lo mismo, que se suban a la mesa y que empiecen a mirar, mirar lo que siempre ven pero ahora lo hacen desde un nuevo ángulo.

No mires las cosas siempre desde el mismo sitio, muévete, agáchate, levántate, gírate, camina de lado, da pequeños saltitos, date la vuelta. Busca nuevas perspectivas para que tu mirada amplíe su campo de visión. Sal de esas estructuras herméticas que te impiden mirar la realidad en toda su extensión.
Estás acomodado en un armazón que te has ido creando sin darte cuenta a lo largo de los años, te tiene anquilosado sin darte cuenta y te impide crecer, no deja expandirse a tu auténtico “yo”, a tu ser, aquel que fue pensado por Dios antes de formarte en el vientre de tu madre. (Jer)

Ya has mirado fuera, ahora mira hacia dentro. Mira a tu interior, mira a ese ser tan amado por Dios.
¿Prefieres no sentir? ¿Eliges no saber? ¿Te asusta lo que puedes encontrar? ¿Te incomoda encontrarte con tus limitaciones, tus carencias?

No tengas miedo. Míralas de frente y hazlo también con ojos nuevos.

Siempre has sabido que esas limitaciones estaban ahí, quizá hasta has luchado con todas tus fuerzas por hacerlas desaparecer y todavía no lo has conseguido.
No necesitas eliminarlas. Si lo hicieras correrías el riesgo arrasar con partes fundamentales de tu esencia, de eso que te hace único e irrepetible. No te mutiles. Piensa en cómo gestionar esas limitaciones, cómo reconducirlas.

En cada limitación hay escondido un don. San Pablo escribe en su segunda carta a los Corintios: Mi fuerza se realiza en tus debilidades. ¡Qué paradoja!, Dios manifiesta su Gracia, su grandeza en nuestras limitaciones. ¡Dios se hace fuerte en tu debilidad!
No tienes ni idea de lo que Dios es capaz de obrar en ti.
¿Tienes obstinación y testarudez?
¿Tienes timidez?
¿Tienes excesiva espontaneidad?
¿Tienes vanidad?
¿Tienes inseguridad?
¿Tienes orgullo y envidia?
¿Te sientes inferior?
¿Te sientes superior?...
Mira tu limitación desde nuevas perspectivas y ¡Recondúcela!
Tienes un don escondido en cada limitación. ¡Suéltalo! No tengas miedo. Saca fuera ese fuera transformado.
Sé manso como paloma pero astuto como serpiente, sé audaz, ¿Por qué vas a ahogar u don? A algunos les podrá llegar a abrumar tanto que te lleguen a exigir que lo sigas escondiendo, pero no permitas que eso te condicione.
Sé libre, ¡¡Suéltalo!! Sobrepasa los límites, que el temor no te haga dar marcha atrás con tu don... ¡el don de Dios!
Aprende a gestionar, a amar con amor de entrega, amor de servicio, amor de ágape, pero manteniendo la tinaja siempre llena de agua, acudiendo una y otra vez al manantial de Agua Viva, ése que nunca se acaba.
Has mirado fuera, has mirado dentro, has soltado tus dones, te has liberado. Es el momento perfecto para mirar a los demás, como a ti mismo.
Recuerda siempre: Como a ti mismo. (Jn.)

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