¿YO ELIJO?

Vuelvo a preguntarme, y no me canso de
hacerlo una y otra vez, ¿Qué estamos haciendo a nuestros jóvenes?
Estamos totalmente inmersos en una
crisis económica que nos trae a todos de cabeza: políticos, dirigentes,
directivos, empresarios, trabajadores por cuenta ajena, autónomos, pero, sobre
todo, a quienes sufren la dura situación de estar sin trabajo y sin recursos.
En medio de tantas angustias y
sufrimientos por los problemas económicos que tienen a nuestro país ahogado,
uno debe pararse a preguntarse si el verdadero debate tenemos que centrarlo
exclusivamente en la economía o si deberíamos ir más allá y analizar la
situación desde un punto de vista más profundo porque la verdadera crisis que
asola a nuestra sociedad es la Crisis de valores.
¿Qué es un valor? Valor es la cualidad
que tienen tanto las personas, como las cosas y los acontecimientos, y que los
hace importantes para alguien.
Evidentemente, todos tenemos valores.
Nadie puede vivir sin ellos. Por lo tanto, cuando hablamos de crisis de valores
no estamos diciendo que éstos hayan desaparecido, que ya no existan. El
problema se centra en cuál es el orden jerárquico que hemos establecido para
esos valores según la importancia que se les da. La crisis de valores está, por
tanto, en cómo estamos gestionando nuestra ESCALA DE VALORES.
Valores como la autonomía, la
responsabilidad, el sentido del deber,
la fuerza de voluntad, el autocontrol, están colocados en los puestos más bajos
de nuestra escala de valores. De ahí el verdadero origen, no solo de la crisis
económica, sino de auténticos dramas personales y familiares.
Sin embargo, nos llenamos la boca
diciendo que estamos en la cultura de la “Libertad” como un valor que debe
prevalecer por encima de cualquier otro valor, incluso en perjuicio de la
Verdad, ¡Pero no sabemos dar buen uso a esa libertad que tanto nos gusta
proclamar! Y mucho menos, sabemos enseñar a nuestros jóvenes a usarla
adecuadamente.
Por ese motivo, nos estamos
convirtiendo en esclavos. ¡Esclavos dependientes de tantas cosas! Esclavos
incapaces de romper las cadenas del uso inadecuado y, muchas veces, exagerado
de las nuevas tecnologías, del empleo de un tiempo excesivo dedicado al ocio,
de la búsqueda del placer por el mero y simple placer.
Así que en nombre de la libertad,
estamos más encadenados que nunca a cosas superfluas y pasajeras. En detrimento
de los valores que toda sociedad necesita para prosperar.
Un claro ejemplo es el acceso libre al
aborto, caldo de cultivo propicio para fomentar justamente ese descenso en los
puestos en la escala de aquellos valores tradicionales que en su día llevaron a
nuestros antepasados a una etapa de progreso positivo y avances al servicio del
ser humano.
¿Por qué? Un planteamiento muy
frecuente a favor del aborto en embarazos imprevistos de mujeres jóvenes es el
siguiente: "Nunca ha sido capaz de responsabilizarse de nada, ahora
tampoco podría hacerlo de su hijo."
¿Cómo vamos a lograr que esa mujer
llegue a alcanzar el grado de madurez y de responsabilidad suficientes y
necesarias en su vida si ante el hecho de tener que enfrentarse a una de las
mayores responsabilidades que jamás tendrá le estamos empujando a eliminar a su
hijo, y así, terminar de raíz con su oportunidad de lograr ser y hacerse
responsable gracias a esa nueva vida?
¿Cómo podremos exigir algún día a esa
mujer que se haga responsable de algo si le hemos mutilado su capacidad para
comprometerse seriamente con algo? Eso sí, siempre lo justificamos argumentando
que es por su propio bien. ¡Menuda hipocresía!
¡Debemos salir del encasillamiento en
el que estamos metidos!, ¡Dejemos a un lado lo superficial!, ¡Vayamos a las
entrañas del ser humano y profundicemos en él para descubrir y cubrir sus
verdaderas necesidades! ¡Volvamos la mirada a Dios!, porque así, y sólo así, podremos
superar ésta y cualquier otra crisis.