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UNA CLASE DIFERENTE

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12 QMEV AUTO-ACEPTACIÓN

“Dichoso si te encuentras en paz contigo mismo. Feliz si has dejado de pelear contra ti mismo, contra algunas partes internas o algunos “yoes” inoportunos, que se te presentaban en ocasiones como huéspedes molestos, de improviso y sin invitación, irrumpiendo sin contemplaciones en tus escenarios de vida, en forma de celos, envidias, rencores, quejas, gritos, violencias, etc.
 

Bienaventurado pues si ya no necesitas rechazar a ninguno de tus aspectos internos, nada de lo que te constituye, ni siquiera lo que sientes como molesto, inadecuado, desagradable o lo que resulta difícil de soportar en algún momento. Has trabajado en ti mismo y te has afanado en comprender y has integrado lo aparentemente rechazable. Lo que parecía oscuro y plomizo lo hiciste refulgir como aprovechable y dorado. Te sometiste al reto de la alquimia interior y fuiste transformado: lo aparentemente negativo se convirtió en recursos para la gracia de tu aceptación personal. A amar lo que eres tal y como eres a cada momento”.

Este fragmento del libro “Vivir en el alma” de Joan Garriga Bacardí te explica uno clave en el proceso de aceptación: la aceptación de ti mismo.

Previamente describe cómo a lo largo de tu vida te has ido construyendo una cierta identidad, un traje adecuado para abrirte camino y tener un lugar, porque aprendiste que era mejor ser de una determinada manera, ponerle una cierta cara a la vida para sentirte más seguro y más querido siendo como “otros” son o como quieren que seas.

Has ido aprendiendo a “mutilarte”, a eliminar esas partes que consideras molestas o inoportunas de ti. Has ejercido sobre ti una fuerza devastadora con la mejor de las intenciones que es la de alcanzar la perfección de tu ser.

Estás exhausto de tanto luchar contra ti y tu “yo” se empeña en seguir empujando.
Te has reprimido tanto que no lo soportas más y caes en “fugas” que compensen esas reducciones de tu ser que se queja sin piedad. Y esas fugas te han llevado a lugares mucho peores y te están convirtiendo en quien no has sido ni eres ni serás porque no fuiste creado para eso.

Luchas severamente contra ti cada día porque anhelas la perfección “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” has escuchado que nos dijo Jesucristo.
Te piden ser santo pero se te antoja inalcanzable para ti. Una vida entera no te llega para terminar con todo eso que hay de “malo” en ti.

¿Dónde está el problema de todo esto?

En que hemos entendido bastante mal el concepto de santidad y de perfección.
De hecho, cuando piensas en algún santo piensas en persona tan excesivamente buena que era hasta aburrida, o excéntrica o imposible de imitar.
¿Tienes que imitar? No, claro que no. No pretendas ser algo distinto de lo que eres.
Dios te ha creado como eres, no te quiere diferente, ni deforme, ni mutilado, te quiere a ti, sin caretas, sin excusas, sin disimulos ni disfraces.
Por lo tanto, la santidad, la perfección, será llegar a ser tal y como Dios te pensó al crearte. Algunos llaman a eso alcanzar tu “ser superior”.

Y para llegar a ese punto necesitas desaprender la identidad que te has ido construyendo para sentirte más seguro y querido y empezar a tomar posesión de ti mismo.


¿Qué quién eres tú? Volvamos al inicio de toda esta sección: No tengas miedo. Mírate y ámate. Con tus “yoes” oportunos e inoportunos.
Porque ¿quién sabe en qué momento tus partes molestas serán las que te permitan navegar en determinadas circunstancias que ahora son impredecibles?

Sé flexible, decía San Juan XXIII “Me doblaré pero no me partiré”, ¡pues eso!
Reinvéntate cada día. Sé creativo, sorprendente, siempre nuevo y ajustándote a lo que requiere cada momento.

Fluye, igual que hace el agua:
 
1.     Adáptate a cualquier forma o circunstancia
2.     Sé transparente
3.     Los cambios son parte del ciclo, no los temas.
4. No te quedes estancado, mantente en movimiento.
5.     Ten la cabeza fría pero el corazón caliente.
6.  Y sobre todo, ¡diviértete! Porque vivir es la mejor de las aventuras.


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